viernes, 24 de septiembre de 2010

Cosas que pasan (parte 11)


Cosas que pasan (11ª parte)

Así iba pasando el tiempo hasta que una noche, unos enfermeros me sacaron de mi habitación, casi arrastrándome me llevaron a la fuerza a un enorme cuarto oscuro, allí me desnudaron completamente y me colocaron en una camilla vendándome los ojos y amarrándome en posición perruna.

Al quedarme ciego, el silencio se me hizo más profundo; de pronto una melodía se escucho en medio de mis sombras, creo era una de las fugas de Bach, esto me calmó un poco, al cabo de un rato y cansado por la incómoda posición de mi cuerpo, sentí una mano que tomando con fuerza mi mandíbula, me la jalaba, mi primera sensación fue el miedo y quise retirar mi rostro, cuando un golpe fuerte, como una palmada retumbó en mis nalgas obligándome a empujar hacia adelante.

Mi boca abierta por la presión de aquellos dedos, tropezó con una pile suave; sentí como un pezón se restregaba en mis labios y empecé a chuparlo, primero con desconfianza y luego la lujuria que se hallaba extraviada de mi cuerpo prisionero, me incitó a besarlo y mamarlos con euforia.

Sentí que algo rozó mis testículos, otra mano empezó acariciando mi pija, separaba la piel del glande con suavidad, alcanzando mi miembro su máxima extensión.
Había estado tanto tiempo sin sentir la piel de otra persona rozando mi piel, que de pronto se me abrieron las ansias… y a punto de acabar…

¡Un dolor terrible se apoderó de mi cuerpo!

Alguien había golpeado tan fuerte mis bolas que perdí el conocimiento.

Volví en mí cuando sentí como el agua fría corría por mi cuerpo, debí caerme con el desmayo, mi cuerpo me dolía y aún me mantenían con los ojos tapados; titiritaba del frío, estaba acostado de espalda y cuando traté de enderezarme me encontré con que mis manos estaban atadas en forma de cruz.

Unos pies descalzos rosaron mi rostro, la voz gruesa de una mujer me ordenó besarlos, sentía tanto dolor que quise negarme, pero un puntapié en mis costillas, me hizo cambiar de opinión.

Los dedos de los pies se introducían en mi boca, algo me rozaba la ingle y dos manos tomaron mis piernas acariciándome las nalgas; oí nuevamente la voz: “¿Te gusta ver?”, me preguntaba, Iba a contestar y su dedo se hundió en mi garganta, causándome nauseas…

¿Te gusta ver…Perro? …Continuó y alguien abría mis nalgas.

Sentí que algo húmedo se introducía y salía de mi culo, por su movimiento supe que era una lengua, poco a poco volvía a sentir placer.

La voz extraña me decía: “Perro te voy a alzar la cara y quiero que me mames mi chocha”, en eso sentí su olorosa humedad en mis labios; comencé a chupar su clítoris y mi lengua repetía los movimientos que yo mismo sentía en mi hueco, su voz se quebró y un “¡uhhhhh!” Largo, fue lo que escuche, mi miembro comenzaba a levantarse.

Sentí que se daba la vuelta convirtiendo aquello en un 69, y restregándome sus glúteos en el rostro, tomo mi verga y comenzó a recorrer con su lengua la punta del glande, separando el prepucio, bajaba por la venas hasta chuparme los guevos, sentía como entraba y salía mi miembro de su boca dejando chorrear hilos de saliva que se unían a mi ya mojado culo; yo por mi parte hundía mi nariz entre sus nalgas, lamiendo los sudores de su hueco.

La voz comenzó a hablarme con dulzura:
Perrito, ¿Sabías que tu culo y tu próstata esconden placeres inconcebibles? ¿Sabías que la lengua que toca las terminaciones nerviosas de tu huequito, te están llevando al éxtasis?

Sí lo sabía, pensé, mientras mi lengua disfrutaba de los placeres de su mojado coño…mi excitación era total y a poco comencé a mover mis nalgas, mientras la lengua ajena hacia círculos alrededor de mi hueco.

Al cabo de un rato de un rato sentí que algo duro, intentaba entrar en mi ano y me detuve; la voz me previno:
“Relájate, perrito, deja que te entre, concéntrate y goza, siente como se hunde buscando tu próstata, mientras mi mano te masturba”

En efecto alguien estaba usando un consolador y afloje poco a poco mis nalgas.

¡Me estaban culeando y lo disfrutaba!

Estaba a punto de acabar cuando la voz, quitándome la venda, me dijo: “¡Quiero romperte el culo…Perro!

Tarde un poco en enfocar la vista y al lograrlo tuve miedo…

Era Sor Francisca la que estaba montada sobre mí, traté de zafarme pero en ese instante sentí como si un hierro estuviera quemando mis entrañas…

Alguien había introducido un garrote por mi trasero.
Nuevamente perdí el sentido.

¿Cuánto tiempo estuve sin sentido?
Nunca lo sabré.

Sentí que me hundía en aguas tranquilas de la inconsciencia, pero de pronto un frio profundo, me ahogaba.

Volvieron a revivirme, el agua fría chorreaba por mi cuerpo, temblaba pero no del frio, temblaba de lo que aquella bruja podía hacerme...

viernes, 27 de agosto de 2010

Cosas Que Pasan (10ma parte)


Cosas que pasan (10 parte)

En cuanto a las monjas: estaba la madre Francisca, de todas ellas era la que por su jerarquía alzaba más la voz, esto me hacía enterarme donde estaba, ya que además de mandamás, era de muy mal talante para conmigo y por ende no debía tropezarme con ella.

Las cocineras me hablaban barbaridades de su persona…

Igualmente estaba Sor Rosana, siempre rodeada de las hijas de los empleados, todos hablaban de que era una verdadera madre para esas niñas, casi todos los días recibían clases y luego salían a pasear por los alrededores de la edificación, jugando al escondite y a la pelota.

A los alrededores del hospital y de la escuela están los jardines, es la parte más hermosa de esta horrenda edificación, a pesar que no fueron diseñados por algún arquitecto, sus árboles han crecido de forma ordenada, en sus ramas más altas tienen su reino las orquídeas y las bromelias, entre sus tallos abundan los helechos; los nidos de las aves crecen como si fueran hojas, y por la tarde el canto de las aves confiere a este infierno, la alegría de un paraíso.

Un día que estaba podando los rosales salvajes, escuche unos ruidos, empecé a buscar la procedencia de aquel sonido que más parecía un quejido, al acercarme al ranchón de las herramientas pude distinguir que dicho sonido era de personas, con sigilo me asomé un poco a las ventanas y a través del sucio cristal, pude distinguir a dos niñas (tendrían como 14 años) recostadas de un barril, estaban totalmente desnudas, creí ver a josefina la hija del cocinero y a panchita, la niña huérfana que cuidaba la monja llamada Rosana.

En silencio, abrí la puerta y me escondí detrás de unos bidones viejos donde no pudiera verme las niñas; a pesar de la penumbra que había en la habitación pude distinguir que estaban besándose y acariciando sus partes, lo que pensé eran sollozos, resultaban gemidos de placer.

Atónito veía como juanita pasaba su lengua por el cuello de la otra y poco a poco fue bajando sus labios hasta llegar a la entrepiernas de paquita, que jadeando se abría en forma de horqueta diciéndole…”dame más y dale duro” …esta en retribución tocaba con sus dedos el clítoris de la otra, al ver aquellas pichonas acariciándose, sentí como mi polla peleaba por salirse del pantalón, sin aguantar más me baje el cierre y comencé a masturbarme ante aquella escena…

Luego panchita dándose la vuelta y levantando su colita, le dijo a Juana,…“mamame el culo", la otra no se hizo rogar, enseguida tomo las nalgas de la niña y abriéndola hasta donde pudo, hundió su cara metiendo la lengua hasta el fondo de su ano; en la penumbra se oía el susurrar de las niñas …

“Dame mas, húndete en mi hueco y chúpame las entrañas”

Estaba a punto de acabar, cuando de pronto, casi detrás de mí, alguien abrió suavemente la puerta, era la hermana: Rosana; dije para mis adentros “pobres chicas el castigo que se les viene es de padre y señor nuestro”.

Pero en cambio escuche a la religiosa decirles dulcemente…

”Cariños porque no me esperaron...estaban tan cachondas que empezaron si mí”

Y la monja sin decir nada se subió los faldones; atónito, casi grito, logré ver que entre sus piernas habitaba una gran culebra, las niñas desaforadas se abalanzaron ante aquella inmensa polla y comenzaron a mamársela y ella (o él), les acariciaba el cabello…

“Suave mis niñas… denle suaves, que hay para las dos”… repetía.

Asustado no sabía qué hacer, pensé en irme pero el miedo me mantenía estático, al cabo de un rato, el tipo tomó a la pequeña juanita, acostándola sobre un mugriento trapo le espernanco las piernas y le introdujo el miembro, primero fue despacio y luego los movimientos se hicieron más rápidos, pero mi mente no entendía como la pequeña no gritaba, entonces comprendí que no era la primera vez.
Mientras Panchita aguantaba en su interior aquel monstruoso animal, Juanita se le ponía su pollita frente a Rosana, permitiéndole a esta que sus labios y su lengua jugara con su clítoris.

Rosana mientras gozba, le susurraba las niñas:
“Que bien han aprendido mis bebes, ahora sí puedo decirles mis puticas del alma”

Y ambas jadeando contestaban: “Si madrecita, si”

Así estuvieron un buen rato hasta que la bestia sacando el miembro de la menuda cuquita y en una explosión de varonilidad lanzó un chorro de leche que por poco me mancha a mí.

Luego como si nada hubiera pasado, las tres se vistieron y juntas salieron tomadas de la mano.

Me quede solo en aquel lugar que olía a sexo, cerré los ojos y rememorando lo ocurrido, termine acariciando mi pene...soñando que ambas niñas me lo mamaban.

Salí distraído, estaba limpiándome el miembro con un pedazo de pañuelo, cuando al subir el rostro, casi me muero del susto, estaba frente a mí la madre Francisca; quede petrificado, como un idiota estaba parado ante una de las máximas autoridades de la escuela…y con una mano sostenía él todavía erecto miembro y en la otra estaba el trapo sucio, lleno de leche…

Con su voz perversa, me dijo: “Sr. Alberto, se puede saber qué hace usted aquí”, tartamudeando le contesté, “Perdóneme hermana, solo estaba limpiando el ranchón”.
Y nuevamente me inquirió… ¿“Con ese trapo?

En ese momento como pude logré guardar mi pene, y sudando baje la cabeza para retirarme. Había dado unos cuantos pasos, cuando nuevamente la monja me inquirió…

¿Me imagino Sr. Alberto que no estaría espiando a la hermana Rosana?

¡No...¡ ¡No...¡ No… ¡le contesté, y tuve que aguantar las ganas de huir de ese lugar.
Cabizbajo y temblando me retire rogando a Dios no me castigaran, ahora entendía que la madre Francisca, no solamente era la jefa de las demás monjas, sino también estaba al tanto de las depravaciones que allí se realizaban.

domingo, 8 de agosto de 2010

Cosas que pasan (9na Parte)



Cuando desperté, estaba en la cama de un hospital y no recordaba porque.
Aún aturdido, trate de levantarme y un sinfín de tubos, además de unas enormes esposas, me impedían hacerlo.

En repetidas oportunidades toque el timbre de emergencia llamando a las enfermeras y solo luego de un largo rato entró en la habitación un hombre delgado que con su voz baja y profunda me dijo:

-Entonces amigo Alberto… ¿Puede contarme lo que pasó en esa estancia?

Todavía aturdido, empecé a explicarle el porqué de mi presencia…como fui invitado por mi yerno y todo lo demás; en los primeros interrogatorios oculte lo de las orgias, pero luego de un mes de interrogatorios intensivos, tuve que contarlo todo.

Al finalizar, el hombre de voz profunda: el Comisario Daniel (mi interrogador) me contesto:

-Señor Alberto yo le creo…pero todas las evidencias están en contra suya…
Dios lo ayude.

El Juicio fue largo, casi un año estuve detenido en la comisaría; pero todo me incriminaba: la policía me encontró “Infraganti” con el hacha asesina en mis manos, según el abogado acusador “Con ella había descuartizado a todos incluyendo a mi familia”.

Las huellas de mis manos en las paredes indicaba, según los periódicos, que yo estaba realizando un acto vandálico que tenía que ver con alguna secta diabólica a la cual yo pertenecía, en mi cuerpo se encontraron altas dosis de alcohol y en los otros cuerpos rastros abundantes de drogas fuertes; en cuanto a Joaquín: yo le habría inyectado para luego despedazarlo, lo cual había impedido la policía, lamentablemente la sustancia inyectada le había causado un infarto.

El Juez de la causa dictamino mi culpabilidad… y debido a que mi “Inclinación constante a la violencia” debía ser tratada siquiátricamente, me sentencio a 15 años de cárcel y fuí asignado a la Prisión hospitalaria: “El Siquiátrico San Jorge”, manejado por policías, curas y monjas.

Este mal llamado “Hospital”, es un complejo de edificaciones que abarca una gran extensión en las afueras de la capital; está compuesto por tres secciones:

La sección carcelaria o “Casa de Rehabilitación e Inclusión a la Sociedad de La Cofradía de Hermanos de San Jorge”: Llamada por los reos: “La Casa Gris”; es una edificación considerada de máxima seguridad, habitada por presos y enfermos con características esquizofrénicas.

El “Siquiátrico San Jorge”: Es el hospital propiamente dicho donde están recluidos los presos y enfermos cuyos problemas mentales no presenten “Riesgos a la Sociedad”.

Y el “Centro de Beneficencia de la Cofradía de los Hermanos de San Jorge”: Conocido por la mayoría como “El Colegio de los pobres”: donde reciben clases, comida y (muchos de ellos) viviendas, los niños y adolescentes de escasos recursos.

Mis primeros dos años fueron de “Vigilancia Médica”, enclaustrado dentro de una habitación donde era monitoreado día y noche; la cual solo abandonaba cada cierto tiempo para enfrentarme a un grupo de médico y sacerdotes, que además de contestarles sus estúpidas preguntas, me imponían el castigo de rezar todos los días y pedir perdón a Dios por el mal que había hecho.

Cuando rondaba mi tercer año de presidio, notaron que yo no era un “reo-paciente inclinado hacia la violencia” y que mi condición era más bien sumisa, me cambiaron a la sección del hospital, asignándome un trabajo: el cual consistía en realizar la limpieza de la capilla, las habitaciones de las monjas y los curas, las aéreas y salones de clase, entre otras cosas.

En el hospital vivían varias de “las hermanitas de la caridad” las cuales deambulaban por los pasillos, descalzas y rezando cabizbajas; también estaban allí un grupo de sacerdotes de los cuales el Padre Manuel, un viejo como de sesenta años, era el mandamás de esta parte de la prisión.

Mis visitas eran muy esporádicas: amigos que se acercaban algunas veces, mis hermanos que venían de vez en cuando…

…y el comisario Daniel, al cual aprendí a querer: aún mantenía el caso (como lo llamo la gran prensa del “Loco de las manos manchadas”) abierto, asegurándome que seguiría investigando ya que él me consideraba inocente.

Un día que limpiaba la Capilla escuche un leve ruido dentro de la sacristía, pensando que habría alguna rata, me acerque muy despacio con la escoba levantada y suavemente entreabrí la puerta, aunque nunca he creído en los curas lo que vi me impresiono: estaba un niño vestido de monaguillo, como de 13 años, arrodillado ante el padre Manuel, pensé “está dándole la bendición”.

Pero no, la sotana del cura estaba levantada y cuando la abrió: un descomunal pene hizo su aparición.

Con las dos manos sostuvo el rostro del chico y hablándole dulcemente de pecados y penitencias, restregaba mientras tanto su glande sobre los labios y la lengua de su víctima; luego con un poco de fuerza logró introducirlo en aquella pequeña boca, era tan grande que varias veces el niño estuvo a puno de vomitar.

Mientras disfrutaba, el viejo sinvergüenza rezaba algunas letanías y le explicaba al monaguillo que estos “actos divinos”, eran parte de la penitencia que nuestro Padre Salvador le ofrecía, por medio de su persona, para recuperar su extraviado cielo.

Al cabo de varios “padres nuestros” y una que otra "Ave María", lo volteó y bajándole los pantaloncillos lo colocó en posición perruna, le dio unas palmaditas en sus pálidas nalgas y untándole grasa en su culito, procedió a penetrarlo.

La mano izquierda del sacerdote apretaba la boca de la criatura, evitando el grito, mientras la otra sostenía su abdomen para aguantar el empuje de su miembro hasta el fondo; al cabo de un rato de movimientos pélvicos, nuevamente se lo colocó en la boca para acabar llenándosela con una mescla de leche y sangre.

Casi desfallecido, el pequeño logró limpiarse y ponerse los pantalones; el cura abrazándolo le dio: con una mano, algunas monedas y con la otra sus bendiciones, advirtiéndole al jovencito el pecado mortal que cometería si divulgara el secreto de la confección y sus respectivas penitencias.

Con mucha rabia me retire, me provocaba ser en realidad violento y matar al bendito cura, pero no hice nada.

Esta misma escena se repitió varias veces con distintos niños, durante mi estadía.

Otra vez estaba limpiando uno de los baños que están dentro del salón de catecismo y escuche que se acercaba el cura Antonio, es el maestro de catequesis, venía con algunos chiquillos, pensé que eran los próximos en hacer su primera comunión.

Como tenía prohibido bajo castigo, el contacto con personas que no fueran mis guardianes y esto incluía a los niños del área escolar, me oculté mientras terminaban su clase y se marchaban.

Estaba sentado en el retrete esperando, cuando oí una algarabía infantil, parecía que los niños se estaban divirtiéndo y esto en clase de catecismo… era imposible.

Con mucho sigilo me asome y vi que el cura tenia a dos niñas sentadas a horcajas sobre sus piernas, mostrándole a todos como fue que “Jesús llegó a Belén dando saltitos en un burriquito”, aprovechaba para mover sus piernas arriba y abajo, frotando las nalgas de las carricitas.

Conociendo a los curas de esa escuela, puse más detenimiento, el sacerdote sostenía a las niñas colocando su mano entre las piernas de una de las chiquillas sobándola disimuladamente y ella para no caerse: con una mano se sostenían del brazo y la otra la colocaba entre las piernas del tipo; como es natural la sotana dejaba ver el bulto fálico y en ese bulto su mano mantenía aprisionada la mano de una de las niñas.

Los ojos del tío se saltaban de placer y en el éxtasis final, se desorbitaron; y entre la risa de los niños, su mano mantenía obligaba a la niña a sobarle el pene sobre su toga.

Cuando se levantó, volví rápidamente a esconderme, tuve suerte que el padre entrara al otro baño…

…allí le escuche decir “Coño, debí haberme dejado los calzoncillos, ahora tengo la sotana llena de leche”.

En cuanto a las monjas: estaba Sor Francisca, de todas ellas era la que por su jerarquía alzaba más la voz, esto me hacía enterarme donde estaba, ya que además de mandamás, era de muy mal talante para conmigo y por ende no debía tropezarme con ella.

Las cocineras me hablaban barbaridades de su persona…

martes, 6 de julio de 2010

Cosas que Pasan (8va Parte)


Me desperté y aún tenía la pesadez de la borrachera anterior, mi estómago sonaba extrañando una buena comida, lamenté el no haberlo hecho antes de acostarme; abajo aún sonaba la estridente música.

Ignoraba la hora, pero a mí alrededor todo estaba oscuro, traté de prender la lámpara de la cama sin ningún resultado, logré calzarme las sandalias, pensaba darme una ducha… ¿pero sin luz? mejor salía al pasillo y averiguaba que pasaba con las bombillas.

En el pasillo tampoco funcionaban los apagadores, como pude me fui guiando por la pared hasta llegar al borde de la escalera. Me pareció absurdo que toda la estancia estuviera sumida en la oscuridad.

Grité fuerte tratando de superar la música, sonaba en ese momento un duro y pesado rock, él cual volvía mas tenebrosa la situación… ¿o tal vez debido a ello no podían escucharme?

Pensé en mi hija, otras veces la había visto bailar en mi casa con las luces apagadas, me la imagine moviendo sus caderas de una forma provocativa… y a lo mejor también danzaba mi mujer; en mi mente vi sus hermosos senos balanceándose al ritmo de la música, sentí el calor entre mis piernas y mi miembro comenzó a ponerse tieso; ya me veía danzando con las dos como preludio de otra excitante noche.

Entretenido por mis pensamientos morbosos descuide el paso por la alfombrada escalera, algo me hizo resbalar, de repente me sentí como un plátano dando vueltas en el aire, me era imposible detenerme, lo único que podía hacer era tratar de aminorar los golpes tapándome la cabeza con las manos.

Al llegar al final, adolorido, traté de levantarme pero algo resbaloso me lo impedía; volví a gritar y nadie respondió, entre la música y los golpes me estaba volviendo histérico, comencé a gatear por la húmeda alfombra hasta llegar a una pared, como pude me puse de pie y seguí tanteando, aquí tampoco funcionaban los apagadores.

Llegué hasta los grandes cortineros que cubrían las ventanas, los corrí intentando que entrara algo de luz pero fue en vano, los faroles de la piscina estaban apagados, maldije la ausencia de la luna llena y un grupo de oscuras nubes impedían el resplandor de las estrellas.

A través del vidrio y afinando la vista, logré divisar un pequeño resplandor lejano, creo que venía de un cobertizo, detrás de la piscina.

Un sentimiento de rabia cruzó por mi cabeza, “Coño, ellos están divirtiéndose y al pendejo lo dejaron solo… y a oscuras”, volviéndome la calma pude recordar hacia donde estaba la puerta principal, tropezando logré alcanzarla, cuando intente abrirla me di cuenta que estaba cerrada.

Entonces me acordé que había visto varios manojos de llaves cerca del marco de la puerta, al fin las conseguí y me prepare para probarla una a una.

¡Maldición!, ninguna de las llaves entraba en la cerradura, montaba en cólera y quise descargarla dándole un puntapié a la madera… El dolor fue atroz, me había olvidado que andaba sin zapatos y el golpe terrible se encajo en los dedos, esperé un rato a que pasara el dolor.

De pronto entendí que sí había corriente eléctrica, primero tenía que llegar al mueble y luego debía apagar esa diabólica música que estaba a punto de volverme loco.

Volví arrastrándome nuevamente hacia la puerta, sosteniéndome en ella trate de hacer un mapa mental del lugar donde estaba; a mi derecha tenía los grandes ventanales, después venía la puerta del comedor y la entrada a la biblioteca; a mi izquierda, a unos metros estaba la escalera, le seguía el pasillo que daba hacia el sótano y un poco más allá el mueble del equipo de sonido… ¡y la pantalla gigante de la tv!

Comencé el largo trayecto, el dolor me impedía afincar el pie herido, cuando me faltaba cruzar el espacio del pasillo tropecé nuevamente, algo blando me hizo caer, coloque mis manos apara aguantar el golpe pero resbalaron por la humedad del piso y no pudiendo proteger el rostro, mi nariz fue a parar contra el duro suelo.

Ciego por la oscuridad, sangrando por la nariz y con el pie lastimado…el miedo hizo su aparición.

Llorando, grité y maldije con todas mis fuerzas, quería salir corriendo, me sentía como un ser desvalido, como un minusválido; temblando, puse toda la determinación que me quedaba y arrastrándome logré llegar al mueble, de un solo tirón lance el maldito reproductor al piso, el sonido producido al estrellarse y luego el silencio absoluto se apodero del espacio, por un momento quedé desconcertado y vacío.

Reponiéndome prendí el televisor de plasma, su luz repentina me encegueció, cuando pude recuperar la visión…

…Un enorme grito de terror brotó de mi garganta, no creía lo que estaba al frente.

Un paisaje de locura se me mostraba; junto a los muebles rotos y caídos había trozos de cuerpos tirados por todas partes, las oscuras manchas en el piso y las alfombras eran sangre, también las paredes estaban con huellas de manos ensangrentadas.

Le di todo el brillo de la tele y pude distinguir que en el piso reposaba la silueta de un hacha, sin pensarlo dos veces la tomé y con ella me dirigí sorteando los despojos húmedos y los muebles caídos, hacia la puerta principal.

Con desesperación empecé a darles hachazos a la enorme puerta, cada golpe retumbaba en mi alma, pensaba en mi hija y en mi mujer, me negaba a creer que esos trozos de carnes les pertenecieran a ellas.

Cuando logré derribar parte de ella, volví a distinguir el lejano punto brillante, tenía la certeza que mis dos amadas estaban allí; con furia me dirigí a ese lugar.

Entré al cobertizo y vi a Joaquín recostado de unos troncos, sus ojos estaban cerrados, con odio infinito levanté el hacha con las dos manos por encima de mi cabeza, con los pies le empujaba el cuerpo para que despertara y me viera dándole el golpe final.

De repente una voz potente grito: ¡Alto o le disparo! Del susto me di la vuelta aún con el hacha en la mano y el policía grito nuevamente ¡Baje el arma o lo mato!...

Todo me dio vuelta y caí al suelo sin sentido…

viernes, 4 de junio de 2010


COSAS QUE PASAN
(7ma. Parte)

Las nalgas de Joaquín montado sobre mi mujer resplandecían a la luz mortecina de los faroles de la piscina, desde lejos semejaban dos senos flotando en la nada; a mi lado arrodillada estaba Olga todavía gimiendo de placer, sin quitar la vista de mi mujer y del odioso jinete, agarre mi pene todavía duro y nuevamente lo introduje en la boca del Olga, con esto pude callar sus sonidos.

Así pude oír los sollozos de placer que emitía mi Juana, eran tan placenteros que esto enardeció mi espíritu, hecho una fiera me dirigí a donde gozaban los malvivientes, al llegar tome entre mis manos las nalgas de Joaquim y sin ningún miramiento introduje mi cabilla por su recto.


El grito desgarrador retumbó por toda la estancia, esto trajo la atención de los demás, pero yo inmisericorde empujaba hacia adentro con mucha fuerza, la primera en llegar fue mi hija, luego su novio y al final la esposa.


A lo mejor fue lo borracho que estábamos, o tal vez las lágrimas y griticos de dolor que emitía Joaquín, o quizás mis movimientos acompasados, pero… primero fue milagritos que empezó sonando sus palmas, luego se acercó José y canturreando repetía monótonamente “dale…dale…dale”, a este canto se unió Olga y hasta mi mujer que estaba debajo, tomo la nalgas de Joaquín y me las abría totalmente.


Al rato la resistencia de Joaquín iba mermando, sus músculos antes tensos se sentían más relajados, poco a poco fue tomando mi ritmo, alrededor los demás excitados comenzaban a besarse y a tocarse mutuamente, mi hija se me acerco por detrás y puso sus hermosos labios y con su lengua acariciaba mi hueco, Juana y Olga se revolcaban sobre la hierba acompañadas de José, aquello se había convertido en una orgía, en un aquelarre…


Cuanto duro no sé, recuerdo mi grito animal al sentir cuando mi leche inundaba el culo de Joaquín, eso fue el clímax de aquella reunión, cansados y exhaustos, fuimos cayendo al suelo, como en trance y quedándonos dormidos.


La última imagen de esa madrugada fue la delgada figura de Joaquín arrodillado al borde de la piscina gimiendo…


El sol empezaba a calentarnos, serían como la cuatro de la tarde, uno a uno nos fuimos despertando, todos desnudos y con una terrible resaca, no obstante era hermoso ver como los cuerpos femeninos resaltaban sus curvas y relucían bronceados como piedras preciosas.


Me acerque a mi hijastra, suavemente toqué uno de sus pezones y ella abrió los ojos diciéndome: -buen día papito-, se levanto y me estampó un sonoro beso en la mejilla, luego acaricio suavemente el pene de su novio para levantarlo, mientras yo me acercaba a despertar a las otras dos mujeres…


De pronto escuchamos la voz timbrada de Joaquín:


-Alberto entren en la casa, ya les preparé la cena-.


Tomamos unas toallas para cubrirnos un poco y tambaleando nos dirigimos hacia la casona; sobre la elegante mesa “Luis XV” se encontraban una gran variedad de alimentos: apetitosas empanaditas, ensaladas, pollo al curri, jugos naturales en fin toda una tentación para estómagos vacios.


Nos disponíamos a disfrutar esta cena tempranera, cuando empecé a sentirme mal, mi cabeza comenzó a dolerme muy fuerte y con miedo a vomitar les pedí disculpas y me fui a la habitación; mientras subía las suntuosas escaleras, escuchaba los comentarios jocosos sobre la fiesta nocturna, quien más se reía era mi hija.


Volteándome un poco me pareció ver en los ojos de Joaquín, que a pesar de su sonrisa, no le hacía gracia dicho tema.


En el baño, vacié mi adolorido estomago y me recosté en la mullida cama, abajo colocaron música con volumen tan alto que retumbaba en mis sienes como tambores tribales, pensé en bajar y pedirles moderación pero al fin y al cabo no era mi casa, por consiguiente me dediqué a tratar de dormir un poco.


No fue placentero el sueño o más bien pesadilla, en él estaba un loco persiguiéndome con un hacha para matarme y cuando iba a lanzar mi último grito, desperté sudando y temblando.


Cuento tiempo estuve dormido, no sé. Aún se escuchaba música a alto volumen; decidí tomarme un baño, luego bajar y comer algo.



domingo, 16 de mayo de 2010

Cosas que pasan (6ta parte)

Montaje.
Cosas que pasan
(Parte 6ta)
Amanece y mi cuerpo se siente cansado, mi hijastra se ha vuelto un poco obsesiva, entre ella y su mamá me están agotando. A pesar de la diferencia de edad ambas tienen un cuerpo espectacular y desafortunadamente para mí una libido muy alta.

Mi hijastra hace unas semanas nos presentó a su novio, un muchacho flaco y desgarbado, con cara de hippie trasnochado pero con una mirada inteligente, su nombre es José.
Aunque un poco molesto, me imagino que por los celos, estoy contento de que al fin tenga a alguien con quien calmar su deseo sexual; no le he preguntado se han acostado, para evitar revolver sus ansias hacia mí.

Ayer el joven nos invitó a pasar el fin de semana en la finca de sus padres, allí nos presentará oficialmente, aunque parece por lo que me contó mi hija, que su madre y lo conoce.
Metemos las valijas al carro y enfilamos nuestra ruta hacia los llanos, son tres horas de viaje; lo primero que observo al llegar, es un esplendido paisaje que enmarca una gran casa colonial, hasta el carro nos llega el peculiar olor del ganado, juntándose con la belleza de las orquídeas y las bromelias que habitan los grandes árboles.

José no presentó a sus padres: Olga y Joaquín, él al igual que su hijo es de consistencia debilucha pero de mirada penetrante, su mujer es tan hermosa como la mía y con cierto aire aristocrático.

La casa es de dos plantas, llena de objetos finos; enseguida mi mujer hace migas con Olga y se van por su lado, mi hija sale a ver los potreros con su novio y yo me quedo con Joaquín. Este me pasea por la mansión dándome las especificaciones de cada cuadro, de cada mueble, de cada jarrón; Siempre he sido un amante de las artes y por ello disfruto la caminata.

Me invita a conocer su biblioteca, una habitación enorme repleta de empastados libros, absorto por las vetustas colecciones, casi tropiezo con un tablero de ajedrez y al ver mi admiración por las hermosas piezas talladas a mano, me invita a jugar una partida.
Fueron dos horas de lucha constante y ante mis acometidas a su rey, decidimos darnos tablas.

En poco tiempo nos dimos cuenta que teníamos muchas cosas en común (y yo no sospecha que eran muchas mas).

El calor del verano se acrecienta en la estancia, Joaquín me propone tomáramos un baño en la piscina antes de la cena y al explicarle que no empaque “traje de baño”, gentilmente se ofreció para prestarme alguno de los suyos.

En su habitación me permitió escoger, todos eran de talla pequeña y me quedaban apretados, al fin me dijo “ponte cualquiera” y me lanzó un “trapito” blanco; la conversación era tan agradable que me cambié allí mismo, me hizo algunas bromas en cuanto al tamaño de mi miembro, apenas el traje de baño me cubría un poco, tomé una toalla y colocándomela como falda, me tape un poco; él también se desvistió y note que el suyo era más bien pequeño.

Nos fuimos a la alberca y sirviéndonos un whisky disfrutamos el placer de refrescarnos en el agua.

…Había algo en la mirada de Joaquín que me era familiar, mas no recordaba que.

Al cabo rato aparecieron los demás: mi hija Milagros tenía un estupendo bikini rosa que dejaban ver todo el esplendor de sus nalgas; mi mujer no se quedaba atrás, sus grandes senos peleaban por salirse del diminuto sostén y Olga la madre de José también lucia un hilo dental color violeta que en nada tapaba su apetitoso cuerpo.

Estando en la piscina mi hijastra me pidió que la sostuviera dentro del agua, primero mis manos la sostenían de espalda y mis brazos sentían el calor de su cuerpo húmedo, luego dándose la vuelta boca abajo, como quien aprende a nadar empezó a mover su vientre buscando mi mano, comprendí lo que quería, poco a poco introduje mi dedo dentro del bikini rosa hasta tropezar con su matica de pelo, empecé acariciando su clítoris, ella se movía al vaivén de las aguas, mí otra mano sobaba su pezones; al rato empezó a gemir y casi en silencio me dijo: -acabe papá -; soltándose y acomodándose el bikini, se alejo hasta el borde, tirándome desde lo lejos un beso…

Esto enturbió mi mente y encendiendo los placeres, mi pene enjaulado presionaba por salirse de aquel apretado trapito blanco.

En una de mis pocas salidas del agua, Joaquín, mi mujer y mi hija empezaron a reírse de mi traje de baño, en verdad me sentía ridículo, ya el glande se asomaba por encima del trapito.

El whisky fue haciendo su trabajo, empezamos a contar chistes subidos de tono; borrachos como estábamos empezamos a bailar, milagros y José lo hacían pegaditos “perreando”, a él se le notaba el bañador levantado cuando rozaba las nalgas de mi hija.

Busque a mi mujer: Juana danzaba igual que aquella vez que la descubrí frente al computador y Joaquín fascinado, la veía con ganas…

…Y comprendí esa mirada ¡Ese día Juana le bailaba a Joaquín!
Mi polla comenzó a ponerse erecta y avergonzado por lo que descubrí, me lancé a la piscina, fue tan duro el golpe que el bañador se soltó y quedé totalmente desnudo, traté de buscarlo con la mirada y de repente mi hija, su novio y Olga se lanzaron al agua; la primera que se acerco con el “trapito blanco” en su mano fue Milagros, cuando fui a tomarlo, se lo lanzó a su novio y cuando todos miraban a donde caía, ella disimuladamente me acarició las bolas y me pegó sus nalgas a mi ya endurecido guevo y mientras gritaba de espalda a mí: - ¡ Aquí, Aquí! - su movimientos se acentuaban sobre mi cuerpo.
El trapo lo tomó José y haciendo ademanes de lanzármelo se lo envió a su madre, ella un poco más seria se me acerco con la prenda y con cierta picardía me dijo: - déjame ponértelo -, cuando se agachó tomó mi glande entre sus labios y comenzó a mamármelo, atónito no sabía qué hacer, la pena se reflejaba en mi rostro, busque temeroso por los alrededores y sobre la hierba, mi hija con las piernas abiertas se dejaba penetrar por José , mis ojos trataron de conseguir a mi esposa para reclamarle la actitud de su hija y la muérgana estaba acostada de espaldas, recibiendo por el culo las acometidas de Joaquín.

Aturdido por la embriaguez y sintiendo como el placer que me brindaba Olga, invadía mi cuerpo, deje que sus labios me mamaran…

…De pronto, con rabia por lo que había visto, empuje varias veces mi polla hasta el fondo de su garganta, ella buscaba desesperada el aire y la sostuve hasta el último minuto, luego atragantada y tosiendo la empuje hasta el borde de la piscina, sin miramientos le di la vuelta penetrándola con furia por el ano, la música acallaba sus gritos, me sentía llegar hasta lo profundo de sus entrañas.

Poco a poco la tos y sus gritos, dejaban paso a los gemidos de placer; ya no era yo el que empujaba, era ella que aprovechando el movimiento de las aguas acercaba sus nalgas hasta tropezar con mis bolas …pidiéndome más.

Cuando sentí que iba a correrse nuevamente la puse de frente, tome sus piernas dejando ver como flor recién abierta sus genitales, me introduje en su vulva, como un tren que penetra el túnel de la vía, inmisericorde seguí exprimiéndole sus ganas sintiendo como su cuca quería extraer mi alma.

Al final lanzó un grito…¡ Acabe, Alberto, acabe!!!

Cuando salimos de la alberca, Olga me abrazo agradecida, yo mirando sobre su hombro, vi con rabia que todavía montaban a mi mujer y ella como un potro corcoveando hacia mover la pálidas nalgas de Joaquín que blancuzcas resplandecían en el ocaso de la tarde…

martes, 27 de abril de 2010

Cosas que pasan (5ta parte)


Cosas que pasan
(5ta parte)

El día amanecía hermoso, después de esa noche lujuriosa mi relación con Juanita mejoró, hasta el punto de hacernos el amor dos veces por semana.


Del striptease, quise hacerme el ignorante, total era una situación a distancia que en nada repercutía en nuestras relaciones, más aún se habían convertido en una fantasía para mí: “era ver como miles de hombres la veían moverse totalmente desnuda”


Había dejado enfriar mi relación con Pedro y con Ana, sentía en mi interior mucha vergüenza por haber llegado al extremo de dejar en evidencia mis secretos.

Me conformo con mirarme al espejo, vestido como una doncella que esconde su cuerpo disfrazada de hombre, uno de los piropos de mi mujer es que tengo un culo hermoso.


Tengo ocultas encima de mi closet una pantis preciosas y cuando mi hija y mi mujer salen aprovecho esa soledad para ponérmelas; es excitante ver mis nalgas sujetas por un hilo dental, partiéndolas en dos y sentir como la tela acaricia mi hueco; luego me coloco el sujetamedias de mi mujer y tratando de emularla me contorneo ante el espejo; mi pantis de un rojo transparente dejan medio ver la cabeza pelada de mi verga que se levanta poco a poco, mientras mis nalgas se imaginan sobadas por otras manos que no son las mías, abriéndolas y cerrándolas para que el aire tibio roce mi culo.
Luego me dejo caer sobre la cama, con las piernas abiertas como esperando un guevo que les calme su angustia para después masturbarme y al final escondiendo la ropa interior quedarme en la cama un rato acostado.

Ayer después de hacerlo me quede profundamente dormido, en mi sueño una mano rozaba suavemente mi pene, el cual enseguida respondía poniéndose duro ante esa caricia; sentía como la tela que lo cubría poco a poco se humedecía de saliva, una lengua traviesa jugaba por encima de las pantis…

¡Coño! Me desperté al saber que aún estaba con ropa de mujer, ¡Se me había olvidado quitarme las pantaletas!

Al abrir los ojos, quede sorprendido de lo que pasaba… Mi hija (en realidad es mi hijastra) estaba intentando mamarme el pene, la retire bruscamente avergonzado por lo que estaba haciéndome, como pude me levante y muy ofendido le reclame su conducta; ella estaba vestida solamente con una blusita transparente, que dejaba ver desde su ombligo para abajo, es poseedora de un maravilloso cuerpo, su piel relucía de juventud (tiene 18 años), apenas unos vellos recortados adornaban su pubis y a pesar que sus senos eran pequeños relucían por encima de la tela como pimpollos recién cortados.

¡Milagros que haces! La increpé.

Disculpa papá, es que pase y tenias la puerta abierta… y vi lo bonito que te quedaba el panti transparente… y no sé que me paso, Papá perdona no volverá a pasar…

La seguí regañando hasta que se marcho llorosa a su cuarto, mi vergüenza era doble, mi hija había descubierto mi parte oculta de mi vida y…había intentado seducirme.

Salí de la casa ofuscado, tirando la puerta me dirigí a la avenida y fui a parar en la cervecería que queda en la esquina; aunque era temprano le pedí a Gilberto me sirviera un vaso grande de whisky, quería olvidar lo que había pasado en la casa. Al poco rato llegaron unos amigos y la rabia se fue desvaneciendo.

…Pero una imagen seguía en mi mente: Era Milagros parada junto a mí, medio desnuda y con su pubis afeitado.

A las nueve me dirigí a la casa, me sentía un poco mareado, abrí la puerta y la casa estaba silenciosa, subí a mi habitación, allí me encontré con el televisor encendido y Juanita durmiendo desnuda, se veía preciosa y provocativa; al pasar la mirada sobre la mesa de noche note que se había tomado las pastillas para dormir, eso significaba que no habría sexo esta noche.

Me acosté a su lado y ni siquiera se movió, estaba viendo la tele cuando sentí un celaje pasar por mi puerta, me levante, de todas maneras tenía que ir a orinar, al abrir la puerta me tropecé con mi hija que salía del baño y enseguida me abrazo llorando, pidiéndome perdón por lo que había hecho.

Le dije que estaba bien, que olvidáramos lo que había sucedido y tomándole su rostro juvenil quise darle un beso en el cachete, ella movió su cara y mis labios se posaron en los suyos, cuando traté de retirarme su lengua se abrió paso entre mis dientes y empezamos a besarnos, en la penumbra su cuerpo sigiloso se recostaba de mi miembro, encendiendo mis ganas.

Baje mis manos y tomando sus pequeñas nalgas las acerque más; mi pene tratando de entrar a su interior, sentía húmeda aquella pantaletica; sin darme cuenta me fue llevando apretujada hasta la puerta de mi cuarto.

Allí frente a la luz mortecina del televisor se veía el cuerpo dormido de mi mujer, entonces Milagros bajo su rostro y comenzó a meterse mi miembro entre sus labios, yo estaba excitado y atónito, estaba mamándome frente a su dormida mamá; lo hacía despacio y mi excitación iba en crescendo, mi pene se hundía en su boquita y mi glande rozaba sus blancos dientes, cuando sintió que estaba a punto de acabar, subió sus labios hacia los míos y empujándome suavemente me llevo a la cama.

Acostada de frente y abriendo sus piernas tomó mi miembro y lo introdujo en su vagina, yo al principio no sabía qué hacer y ella se empujaba para ensartarse con mi guevo; a nuestro lado estaba mi mujer moviéndose dormida al compas del ritmo delirante de nuestra hija.

Esto era la locura, pero la excitación era tal que nos olvidamos de Juanita y dándole la vuelta la penetré por su culito, ella aguantando el dolor comenzó a contornearse como su mamá lo hacía frente al computador; su placer subía al igual que sus gemidos, ya no podíamos parar, era tan excitante hacerlo así frente a su madre que ya no nos importaba el movimiento de la cama.

Poco a poco la sábana que medio cubría el cuerpo de Juana se deslizó dejándonos ver sus hermosos senos. Inmediatamente Milagros me obligo a dar un giro y con violencia terminó de destaparla completamente, como pudo alzándose un poco pegó su boca en la vagina de su mamá.

Ambos acabamos y al unísono un grito retumbo por toda la casa, era indescriptible el placer sentido.

Nos quedamos un rato en la cama, jadeando y tratando de conseguir el aire que nos faltaba, al fin Milagros se levantó, cubrió con cariño el cuerpo de su madre y tiernamente me dio un beso… En la puerta, con cierta picardía me dijo “Bendición Papá, que tengas un bonito sueño…”

Yo abrace a mi mujer y dándole un beso en la frente me quede profundamente dormido…

viernes, 23 de abril de 2010

Cosas Que Pasan (4ta parte)


Cosas Que pasan
(Parte IV)

Llegue a la casa, cabizbajo y preocupado por la cara de ogro que tendría mi esposa Julia. No tenía ni la más puta idea de que escusa inventarle.

Abrí la puerta con mucho silencio, tal vez con temor al escándalo que seguro armaría; miré a toda la estancia y estaba solo, la casa estaba en silencio, sin embargo en puntillas y sin zapatos subí a mi habitación, me desvestí y me prepare para darme una ducha.

En eso me pareció escuchar algunos ruidos, mi hija debería estar en la Universidad y Julia seguramente estaría de visita en casa de alguna de sus amigas.
Así que baje las escaleras con tan solo la toalla puesta; los ruidos provenían del cuarto de estudio donde está la biblioteca y la computadora, con sigilo entreabrí la puerta… y vaya sorpresa que tuve.

Mi mujer estaba completamente desnuda, su cuerpo se balanceaba hacia los lados como bailando una danza erótica, sus manos se deslizaban por sus senos bajando luego hasta su vulva, allí con sus dedos abría sus labios dejando ver su rosado clítoris, mientras su pelvis se movía de forma lasciva hacia adelante.

Yo estaba como hipnotizado, admiraba aquel hermoso cuerpo flotando y moviéndose como una serpiente. Hubo un instante que el paño con el que me cubría cayó al suelo, mi pene se puso erecto y un calor sofocante se adueño de mis bolas; empecé a tocármelo inconscientemente, subía y baja mi prepucio, estaba súper excitado viendo su mágica danza.

Entre despacio al cuarto, ella en su frenesí bailaba absorta frente al computador; fue en ese instante cuando me fije en su rostro… Estaba oculto por un pequeño antifaz. Dirigí mi mirada a la pantalla del monitor…
Allí estaba una cara masculina viendo desnuda mi mujer, en su mueca se notaba el placer que causa la masturbación.

En ese momento volví en mí, enojado pero silencioso salí de aquella habitación, tomé mi toalla y ni siquiera me la puse encima, ¡Carajo! me dije, mi mujer hace striptease por la web; me di una ducha, seguía muy molesto, pero por nada me paso por la mente lo que había hecho con Pedro y Ana en la víspera.

Me imagino que ella escucharía correr el agua, por que cuando salí, estaba en la habitación; seguía desnuda pero nerviosa, a lo mejor estaría pensando que la había visto, no sé porque me hice el tonto y le pregunte por que estaba sin ropa y acercándose más a mí, me comento que hacía mucho calor y se había quedado dormida en el cuarto de estudio.

En mi mente seguía viéndola bailar y sin darme cuente mi polla volvió a elevarse, ella me abrazo y sentí su vulva húmeda rozando mi glande.

Nos besamos sin palabras y nos fuimos a la cama, la penetre como nunca, ella repetía el movimiento lascivo que le había visto frente al computador, lleno de celos, rabia y placer empujaba mi pene hasta su fondo, increpándola con palabras como ¡Perra! ¡Puta! ¡Rata!, ella se retorcía de placer.

Con brusquedad le di la vuelta y sus manos agarrando sus nalgas me abrieron completamente el hueco, quería castigarla y sin miramientos le metí mi polla con violencia, su cuerpo se curvo por el empujón, jadeaba y gemía complaciente.
¡Sentí como mi leche se derramaba en su culo! y ella gritaba ¡ya, ya no mas…Acabee!

Quedamos exhaustos y sin palabras que estropearan el hecho, había sido rápido pero de una pasión profunda, nos abrazamos quedándonos relajados.

No sé cuánto tiempo nos quedamos dormidos, pero en mi sueño, sentía algo que me aprisionaba, era como una espada que me punzaba el cuerpo o una mirada que me robaba el alma… desperté despacio y…
Habíamos dejado la puerta abierta, en el dintel estaba mi hija y nosotros completamente desnudos…
En su juvenil rostro había un dejo oculto de lujuria….

viernes, 16 de abril de 2010

COSAS QUE PASAN (3ra parte)


COSAS QUE PASAN
(3ra parte)

¡Nos habíamos olvidado de Pedro!

Él estaba allí, en el dintel de la puerta, desnudo como adonis, su pene parecía un asta erguida esperando meterla en su bandera, se acerco, me tomo mis mandíbulas acariciando con sus dedos mi boca, me sentí hipnotizado, suavemente pase mi lengua por sus dedos, con la otra mano tomo a Ana por la cintura y le estampo un beso en su boca, mientras tanto fue obligándome a bajar la cabeza, poco a poco me la iba acercando hacia sus bolas, cerré los ojos y entonces sentí su verga caliente que se metía y salía entre mis labios.

Con un vaivén mi cuerpo se sintonizaba con su miembro, lo chupaba, lo relamía, lo besaba, lo pasaba por mi boca como si fuera lápiz labial, mis labios notaban su dureza, comencé a masturbarme, con los ojos cerrados me sentía vibrar cada poro de mi cuerpo; nunca había sentido tanto placer.
Entonces tomó con sus dos manos mi cara y la empujo hasta que mis labios tropezaron con sus bolas.
Así siguió, aumentando el ritmo hasta que el dolor y el placer fueron uno, mientras tanto Ana me acariciaba besándome la espalda… y sus dedos húmedos se introducían en mi desesperado culo.

Sacándome su guevo de mi boca le dije:
¡Pedro cógeme! ¡Cógeme duro!
Y volteándome me incline para ponerle de frente mis nalgas, la flor vibrante de mi ano se le ofrecía en sacrificio.

No tardó en penetrarme, era tan rico tenerlo dentro, que mi movimiento basculante aumentó el ritmo, mi culo se movía hacia todos los lados.

Ana comprendiendo el placer que yo sentía, como pudo acostada en el suelo, se rodo hasta tomar mi miembro entre sus labios, tiesa como estaba comenzó a chupármela, mis gemidos se confundía con los de Pedro y en un momento eterno, gritamos al unísono:
¡Acabeee!, ya a mí no me quedaba leche, pero no importaba el placer fue increíble.

¡Acabee! Y su blanca leche relucía sobre mis nalgas morenas.

Los tres nos dejamos caer, todavía jadeando nos abrazamos tratando de retener ese momento de felicidad para siempre

Pasó un rato y riéndonos nos levantamos, otra vez entramos juntos a la ducha y todo el baño quedo mojado por nuestros juegos.

Fuimos a vestirnos los tres, Pedro y yo tuvimos que aguantar las burlas de Ana en cuanto al tamaño de nuestros “dormilones pepinitos” (como ella los llamó) y mencionaba que se había tomado unos buenos tragos de Black & White (esto refiriéndose al color de nuestra piel).

Luego con mucho cariño nos preparo un buen desayuno tardío, me despedí apesadumbrado rumbo a mi casa, quedando comprometido con ellos a repetir la velada el próximo fin de semana y pensando la escusa que le diría mi mujer por quedarme hasta tan tarde fuera de la casa.

Un pensamiento cruzó de repente por mi mente…. “¿y si ella se nos uniera y fuésemos cuatro?...

lunes, 12 de abril de 2010

COSAS QUE PASAN (2da parte)


COSAS QUE PASAN
(II Parte)

A mi lado estaba Pedro, desnudo como yo, pude ver su polla, era enorme parecía una boa en reposo, roncaba como un rinoceronte; Ana no estaba, pensé que estaría en la calle; me levante con cuidado para no despertar a mi compañero de de alfombra.

Descalzo y desnudo me dirigí a ducharme; mi cuerpo agradeció el agua tibia, era como recobrar las fuerzas perdidas, dure un siglo disfrutando las gotas que humedecían mis ojos cerrados; ya para salir sentí unas manos tersas acariciando mi espalda.

Al voltear estaba Ana completamente desnuda, sus pechos turgentes me apuntaban, sus labios grandes se adueñaron de los míos en un beso profundo, sus manos tomaron en vilo mis testículos y sobándolos se los llevo a la boca, su lengua subía y bajaba acariciando la cabeza, primero despacio para luego chupar con fuerza; a veces su lengua con la punta dura se movía alrededor de mis bolas empapándolas de saliva, en otras suavemente jalaba que sentía que mi guevo se me salía del cuerpo.

Mi vara, fuerte y tiesa se la empuje hasta su garganta, el placer era infinito, y mientras me lo mamaba sus dedos se introducían entre mis nalgas acariciándome el culo, quise levantarla para penetrarle su cuca.

Pero me dijo:
“no esto es mi regalo, por hacerme feliz anoche”.

Entonces me deje llevar, cerrando mis ojos disfrute su lengua.

En un momento sentí que mi alma se escapaba escondiéndose en su boca, lanzando un gemido profundo, acabé y un chorro de leche espesa se corría por la comisura de sus labios, su lengua pícara se relamía de contenta.

Apaciguando el sudor, nos metimos en la ducha, ya más calmo tomé el jabón y suavemente comencé a frotarle el cuerpo, el agua nos corría y mis manos diestras bajaron por su cintura para anidarse entre sus piernas, ella gemía de placer, mis labios se adueñaron de sus senos, mi lengua recorría los surcos de agua que se formaban en su ombligo, sus vellos cosquilleaban mi nariz; tomé su clítoris, lentamente mis labios lo movían sintiendo su dureza, su voz casi no se escuchaba cuando decía: “no Alberto, no sigas, me estas matando de placer” pero sus manos tomado mi cabello me hundía con fuerza en las delicias de su cuca.

Luego dándole vuelta acaricie sus nalgas firmes y mi lengua juguetona entró en el túnel sabroso y profundo de su culo. Como para descombrármela, me quede allí, hurgando y jugando, mientras mis dedos hacían de las suyas en su cuca.

Su placer y el mío se confundían, los gemidos crecían de tono, poco a poco fueron más audibles y justo cuando de su boca salió el grito ¡acabé! Sentimos la brisa fría que se colaba por la puerta del baño abierta…

¡Nos habíamos olvidado de Pedro!

viernes, 9 de abril de 2010

COSAS QUE PASAN (1ra parte)


COSAS QUE PASAN
(I Parte)

Estábamos reunidos varios amigos en una fiesta, a las tres de la mañana comenzamos a marcharnos, Ana la mujer de mi amigo Pedro me dijo que debido a lo lejos que vivía, porque no me quedaba en su casa y por la mañana me fuera en un taxi.

Decidí quedarme al fin todavía quedaba buen vino, buen whiskey y buena compañía; nos servimos varios tragos y el alcohol empezó a subírsenos; Ana bailaba contorneando su cintura, y Pedro y yo nos reíamos de algún mal chiste, de pronto sentí que algo me rozo el rostro, era el sostén de Ana que volaba por los aires, volteamos y dos hermosos senos bailoteaban al aire, sentí un poco de vergüenza con Pedro, pero él borracho como estábamos, tomo el sostén quitándose la camisa se lo puso y agarrándome las manos me llevo frente a su mujer y comenzamos los tres a bailar.

Ella me apretó a su cuerpo y Pedro por detrás se apretaba al de ella, pronto la sala nos daba vueltas, reíamos y tomábamos, con la alegría desenfrenada, algunos vasos y su contenido rodaban por el piso, la música ensordecía y hacia vibrar los cuerpos.

En qué momento me quite (o quitaron) la ropa, no sé, mi verga se estiro hasta su máximo esplendor, tome a Ana y bese sus senos inundados de sudor, ella se resistía un poco, y forcejándola la recosté del mueble… Allí la penetre, Ana gozaba besándome, sus gemidos retumbaban en la habitación, no pensaba en su marido, solo ella y yo gozando.

De repente sentí algo que rozo mis nalgas, luego un fuerte dolor acompañado de un inmenso placer, Pedro montado sobre mí también me penetraba, frente a mi Ana apretaba mis labios con los suyos, mi guevo jugueteaba con su clítoris, mientras Pedro me besaba la espalda y con pasión sostenía mis nalgas mientras su paloma anidaba su leche en mi culo.

Los tres acabamos al mismo tiempo y cambiando de posición: Pedro me lamia mi leche y Ana lambeateaba el sobrante de Pedro en mi culo.

¿Cuándo nos dormimos? no importa, al despertarme mis sentimientos se encontraron, la vergüenza y el placer se confundían con mis recuerdos, mi mente voló para recordarme mi primera vez, cuando niño en el internado de varones.
Alberta
/03/2010

lunes, 5 de abril de 2010

EN EL METRO


EL METRO

Son las nueve y media de la noche y salgo del trabajo, cansado trato de llegar al metro antes de que lo cierren.

¡Uff ! la cola es muy grande y me lamento por no haber comprado el ticket con antelación.

Por fin a empujones logro entrar, parecemos sardina en lata; esto esta tan lleno que si te sueltas de los agarres, no podrás caerte, afortunadamente quede con la espalda hacia un tubo que sale del techo.

Este vagón esta a media luz, ahora con el racionamiento eléctrico todo es un problema, gracias a Dios el aire acondicionado funciona, pero bueno todo sea por llegar a casa.

Unos intentan, a pesar de la tenue luz, leer el periódico con una mano mientras la otra se sostiene al pasamano, otros cierran los ojos y se concentran en la música de sus reproductores, los más miramos al techo… todos buscamos un pretexto para evitar tropezar con la miradas que nos rodean.

El bamboleo del tren nos invita al sueño, algunos dormitan sosteniéndose con el que va al lado.
El ruido nos arrulla… trato de no pensar mucho disfrutando de la cercanía de la gente.

La Señorita que está al frente, se recuesta de mí siguiendo el movimiento del tren, no le presto atención pensando “que comida habrá preparado mi mujer”.

… De pronto siento que algo roza mi bragueta… pienso que ha sido sin querer, pero la suavidad de su mano me desmiente.

¡Diablos!!! ¡Me está bajando el cierre!
Trago duro y el corazón me empieza a latir desaforado, volteo hacia los lados con nerviosismo y veo que nadie está pendiente, disimulando bajo la mirada y siento con firmeza su mano peleando con el calzoncillo, logra su acometida ¡tiene mi verga en su mano!! Tiemblo y la sangre se me acumula poniéndolo tieso.

Su mano aunque pequeña se vuelve cálida; ahora que ya lo tiene, suavemente la yema de sus dedos acaricia mi glande, sube y baja mi prepucio con terca alegría; no sé si la vibración que siento es del tren o de mi cuerpo.

Siguen sus caricias y el ritmo va subiendo de intensidad, todos mis nervios están electrizados, mi respiración se acorta, mi mente se llena de placer olvidando él cuando y el donde; su mano sigue meciéndome cierro los ojos y me dejo llevar por ella

Siento como baja de mi cerebro la orden, la siento en mis pulmones, en mi ombligo y como un volcán explota volando leche por todos lados, sus dedos se vuelven pegajosos… Y aún sigue exprimiendo la última gota.

Lentamente siento como su mano se retira y mi verga aún temblando empieza a bajarse; me doy cuenta de mis gemidos, con vergüenza abro los ojos, aún con placer trato de ver en la penumbra si alguien se ha fijado en mí… y luego la busco con la mirada.

Suena la “parada” y de repente todos se mueven, la joven se separa de mi y se aleja empujando hacia la puerta de salida, me alzo por encima de todos y también empujo para tratar de alcanzarla.

Es inútil un muro de personas nos separa.
De repente mientras estoy alzado de puntillas tratando de localizarla, siento otra mano sobando mi culebra dormida… ¡Coño! Con tanto placer, me había olvidado de guardarla y para colmo cuando levanto la mirada, veo a una abuelita acariciándome; Nervioso como pude, subí la cremallera y de vaina me llevo un pedazo de mi pellejo.
Al fin logré salir, en vano busque a la chica por todo el andén, ya más tranquilo y satisfecho tome rumbo a mi hogar, reviviendo a cada instante el placer de esas incógnitas manos.

Mi mujer como siempre cariñosa me esperaba, contenta nos abrazamos dándonos un beso grande, pensando aún en la chica del metro…

Al separarnos, me gritó mirándome la cintura…
¡Carajo Alberto! ¡Que vaina es eso!

Sobresaltado y con sentimientos de culpa baje los ojos hacia mi bragueta imagínense ustedes… tenía todo el pantalón con manchas de leche.