martes, 6 de julio de 2010

Cosas que Pasan (8va Parte)


Me desperté y aún tenía la pesadez de la borrachera anterior, mi estómago sonaba extrañando una buena comida, lamenté el no haberlo hecho antes de acostarme; abajo aún sonaba la estridente música.

Ignoraba la hora, pero a mí alrededor todo estaba oscuro, traté de prender la lámpara de la cama sin ningún resultado, logré calzarme las sandalias, pensaba darme una ducha… ¿pero sin luz? mejor salía al pasillo y averiguaba que pasaba con las bombillas.

En el pasillo tampoco funcionaban los apagadores, como pude me fui guiando por la pared hasta llegar al borde de la escalera. Me pareció absurdo que toda la estancia estuviera sumida en la oscuridad.

Grité fuerte tratando de superar la música, sonaba en ese momento un duro y pesado rock, él cual volvía mas tenebrosa la situación… ¿o tal vez debido a ello no podían escucharme?

Pensé en mi hija, otras veces la había visto bailar en mi casa con las luces apagadas, me la imagine moviendo sus caderas de una forma provocativa… y a lo mejor también danzaba mi mujer; en mi mente vi sus hermosos senos balanceándose al ritmo de la música, sentí el calor entre mis piernas y mi miembro comenzó a ponerse tieso; ya me veía danzando con las dos como preludio de otra excitante noche.

Entretenido por mis pensamientos morbosos descuide el paso por la alfombrada escalera, algo me hizo resbalar, de repente me sentí como un plátano dando vueltas en el aire, me era imposible detenerme, lo único que podía hacer era tratar de aminorar los golpes tapándome la cabeza con las manos.

Al llegar al final, adolorido, traté de levantarme pero algo resbaloso me lo impedía; volví a gritar y nadie respondió, entre la música y los golpes me estaba volviendo histérico, comencé a gatear por la húmeda alfombra hasta llegar a una pared, como pude me puse de pie y seguí tanteando, aquí tampoco funcionaban los apagadores.

Llegué hasta los grandes cortineros que cubrían las ventanas, los corrí intentando que entrara algo de luz pero fue en vano, los faroles de la piscina estaban apagados, maldije la ausencia de la luna llena y un grupo de oscuras nubes impedían el resplandor de las estrellas.

A través del vidrio y afinando la vista, logré divisar un pequeño resplandor lejano, creo que venía de un cobertizo, detrás de la piscina.

Un sentimiento de rabia cruzó por mi cabeza, “Coño, ellos están divirtiéndose y al pendejo lo dejaron solo… y a oscuras”, volviéndome la calma pude recordar hacia donde estaba la puerta principal, tropezando logré alcanzarla, cuando intente abrirla me di cuenta que estaba cerrada.

Entonces me acordé que había visto varios manojos de llaves cerca del marco de la puerta, al fin las conseguí y me prepare para probarla una a una.

¡Maldición!, ninguna de las llaves entraba en la cerradura, montaba en cólera y quise descargarla dándole un puntapié a la madera… El dolor fue atroz, me había olvidado que andaba sin zapatos y el golpe terrible se encajo en los dedos, esperé un rato a que pasara el dolor.

De pronto entendí que sí había corriente eléctrica, primero tenía que llegar al mueble y luego debía apagar esa diabólica música que estaba a punto de volverme loco.

Volví arrastrándome nuevamente hacia la puerta, sosteniéndome en ella trate de hacer un mapa mental del lugar donde estaba; a mi derecha tenía los grandes ventanales, después venía la puerta del comedor y la entrada a la biblioteca; a mi izquierda, a unos metros estaba la escalera, le seguía el pasillo que daba hacia el sótano y un poco más allá el mueble del equipo de sonido… ¡y la pantalla gigante de la tv!

Comencé el largo trayecto, el dolor me impedía afincar el pie herido, cuando me faltaba cruzar el espacio del pasillo tropecé nuevamente, algo blando me hizo caer, coloque mis manos apara aguantar el golpe pero resbalaron por la humedad del piso y no pudiendo proteger el rostro, mi nariz fue a parar contra el duro suelo.

Ciego por la oscuridad, sangrando por la nariz y con el pie lastimado…el miedo hizo su aparición.

Llorando, grité y maldije con todas mis fuerzas, quería salir corriendo, me sentía como un ser desvalido, como un minusválido; temblando, puse toda la determinación que me quedaba y arrastrándome logré llegar al mueble, de un solo tirón lance el maldito reproductor al piso, el sonido producido al estrellarse y luego el silencio absoluto se apodero del espacio, por un momento quedé desconcertado y vacío.

Reponiéndome prendí el televisor de plasma, su luz repentina me encegueció, cuando pude recuperar la visión…

…Un enorme grito de terror brotó de mi garganta, no creía lo que estaba al frente.

Un paisaje de locura se me mostraba; junto a los muebles rotos y caídos había trozos de cuerpos tirados por todas partes, las oscuras manchas en el piso y las alfombras eran sangre, también las paredes estaban con huellas de manos ensangrentadas.

Le di todo el brillo de la tele y pude distinguir que en el piso reposaba la silueta de un hacha, sin pensarlo dos veces la tomé y con ella me dirigí sorteando los despojos húmedos y los muebles caídos, hacia la puerta principal.

Con desesperación empecé a darles hachazos a la enorme puerta, cada golpe retumbaba en mi alma, pensaba en mi hija y en mi mujer, me negaba a creer que esos trozos de carnes les pertenecieran a ellas.

Cuando logré derribar parte de ella, volví a distinguir el lejano punto brillante, tenía la certeza que mis dos amadas estaban allí; con furia me dirigí a ese lugar.

Entré al cobertizo y vi a Joaquín recostado de unos troncos, sus ojos estaban cerrados, con odio infinito levanté el hacha con las dos manos por encima de mi cabeza, con los pies le empujaba el cuerpo para que despertara y me viera dándole el golpe final.

De repente una voz potente grito: ¡Alto o le disparo! Del susto me di la vuelta aún con el hacha en la mano y el policía grito nuevamente ¡Baje el arma o lo mato!...

Todo me dio vuelta y caí al suelo sin sentido…

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