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COSAS QUE PASAN
(3ra parte)
¡Nos habíamos olvidado de Pedro!
Él estaba allí, en el dintel de la puerta, desnudo como adonis, su pene parecía un asta erguida esperando meterla en su bandera, se acerco, me tomo mis mandíbulas acariciando con sus dedos mi boca, me sentí hipnotizado, suavemente pase mi lengua por sus dedos, con la otra mano tomo a Ana por la cintura y le estampo un beso en su boca, mientras tanto fue obligándome a bajar la cabeza, poco a poco me la iba acercando hacia sus bolas, cerré los ojos y entonces sentí su verga caliente que se metía y salía entre mis labios.
Con un vaivén mi cuerpo se sintonizaba con su miembro, lo chupaba, lo relamía, lo besaba, lo pasaba por mi boca como si fuera lápiz labial, mis labios notaban su dureza, comencé a masturbarme, con los ojos cerrados me sentía vibrar cada poro de mi cuerpo; nunca había sentido tanto placer.
Entonces tomó con sus dos manos mi cara y la empujo hasta que mis labios tropezaron con sus bolas.
Así siguió, aumentando el ritmo hasta que el dolor y el placer fueron uno, mientras tanto Ana me acariciaba besándome la espalda… y sus dedos húmedos se introducían en mi desesperado culo.
Sacándome su guevo de mi boca le dije:
¡Pedro cógeme! ¡Cógeme duro!
Y volteándome me incline para ponerle de frente mis nalgas, la flor vibrante de mi ano se le ofrecía en sacrificio.
No tardó en penetrarme, era tan rico tenerlo dentro, que mi movimiento basculante aumentó el ritmo, mi culo se movía hacia todos los lados.
Ana comprendiendo el placer que yo sentía, como pudo acostada en el suelo, se rodo hasta tomar mi miembro entre sus labios, tiesa como estaba comenzó a chupármela, mis gemidos se confundía con los de Pedro y en un momento eterno, gritamos al unísono:
¡Acabeee!, ya a mí no me quedaba leche, pero no importaba el placer fue increíble.
¡Acabee! Y su blanca leche relucía sobre mis nalgas morenas.
Los tres nos dejamos caer, todavía jadeando nos abrazamos tratando de retener ese momento de felicidad para siempre
Pasó un rato y riéndonos nos levantamos, otra vez entramos juntos a la ducha y todo el baño quedo mojado por nuestros juegos.
Fuimos a vestirnos los tres, Pedro y yo tuvimos que aguantar las burlas de Ana en cuanto al tamaño de nuestros “dormilones pepinitos” (como ella los llamó) y mencionaba que se había tomado unos buenos tragos de Black & White (esto refiriéndose al color de nuestra piel).
Luego con mucho cariño nos preparo un buen desayuno tardío, me despedí apesadumbrado rumbo a mi casa, quedando comprometido con ellos a repetir la velada el próximo fin de semana y pensando la escusa que le diría mi mujer por quedarme hasta tan tarde fuera de la casa.
Un pensamiento cruzó de repente por mi mente…. “¿y si ella se nos uniera y fuésemos cuatro?...
(3ra parte)
¡Nos habíamos olvidado de Pedro!
Él estaba allí, en el dintel de la puerta, desnudo como adonis, su pene parecía un asta erguida esperando meterla en su bandera, se acerco, me tomo mis mandíbulas acariciando con sus dedos mi boca, me sentí hipnotizado, suavemente pase mi lengua por sus dedos, con la otra mano tomo a Ana por la cintura y le estampo un beso en su boca, mientras tanto fue obligándome a bajar la cabeza, poco a poco me la iba acercando hacia sus bolas, cerré los ojos y entonces sentí su verga caliente que se metía y salía entre mis labios.
Con un vaivén mi cuerpo se sintonizaba con su miembro, lo chupaba, lo relamía, lo besaba, lo pasaba por mi boca como si fuera lápiz labial, mis labios notaban su dureza, comencé a masturbarme, con los ojos cerrados me sentía vibrar cada poro de mi cuerpo; nunca había sentido tanto placer.
Entonces tomó con sus dos manos mi cara y la empujo hasta que mis labios tropezaron con sus bolas.
Así siguió, aumentando el ritmo hasta que el dolor y el placer fueron uno, mientras tanto Ana me acariciaba besándome la espalda… y sus dedos húmedos se introducían en mi desesperado culo.
Sacándome su guevo de mi boca le dije:
¡Pedro cógeme! ¡Cógeme duro!
Y volteándome me incline para ponerle de frente mis nalgas, la flor vibrante de mi ano se le ofrecía en sacrificio.
No tardó en penetrarme, era tan rico tenerlo dentro, que mi movimiento basculante aumentó el ritmo, mi culo se movía hacia todos los lados.
Ana comprendiendo el placer que yo sentía, como pudo acostada en el suelo, se rodo hasta tomar mi miembro entre sus labios, tiesa como estaba comenzó a chupármela, mis gemidos se confundía con los de Pedro y en un momento eterno, gritamos al unísono:
¡Acabeee!, ya a mí no me quedaba leche, pero no importaba el placer fue increíble.
¡Acabee! Y su blanca leche relucía sobre mis nalgas morenas.
Los tres nos dejamos caer, todavía jadeando nos abrazamos tratando de retener ese momento de felicidad para siempre
Pasó un rato y riéndonos nos levantamos, otra vez entramos juntos a la ducha y todo el baño quedo mojado por nuestros juegos.
Fuimos a vestirnos los tres, Pedro y yo tuvimos que aguantar las burlas de Ana en cuanto al tamaño de nuestros “dormilones pepinitos” (como ella los llamó) y mencionaba que se había tomado unos buenos tragos de Black & White (esto refiriéndose al color de nuestra piel).
Luego con mucho cariño nos preparo un buen desayuno tardío, me despedí apesadumbrado rumbo a mi casa, quedando comprometido con ellos a repetir la velada el próximo fin de semana y pensando la escusa que le diría mi mujer por quedarme hasta tan tarde fuera de la casa.
Un pensamiento cruzó de repente por mi mente…. “¿y si ella se nos uniera y fuésemos cuatro?...


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