lunes, 5 de abril de 2010

EN EL METRO


EL METRO

Son las nueve y media de la noche y salgo del trabajo, cansado trato de llegar al metro antes de que lo cierren.

¡Uff ! la cola es muy grande y me lamento por no haber comprado el ticket con antelación.

Por fin a empujones logro entrar, parecemos sardina en lata; esto esta tan lleno que si te sueltas de los agarres, no podrás caerte, afortunadamente quede con la espalda hacia un tubo que sale del techo.

Este vagón esta a media luz, ahora con el racionamiento eléctrico todo es un problema, gracias a Dios el aire acondicionado funciona, pero bueno todo sea por llegar a casa.

Unos intentan, a pesar de la tenue luz, leer el periódico con una mano mientras la otra se sostiene al pasamano, otros cierran los ojos y se concentran en la música de sus reproductores, los más miramos al techo… todos buscamos un pretexto para evitar tropezar con la miradas que nos rodean.

El bamboleo del tren nos invita al sueño, algunos dormitan sosteniéndose con el que va al lado.
El ruido nos arrulla… trato de no pensar mucho disfrutando de la cercanía de la gente.

La Señorita que está al frente, se recuesta de mí siguiendo el movimiento del tren, no le presto atención pensando “que comida habrá preparado mi mujer”.

… De pronto siento que algo roza mi bragueta… pienso que ha sido sin querer, pero la suavidad de su mano me desmiente.

¡Diablos!!! ¡Me está bajando el cierre!
Trago duro y el corazón me empieza a latir desaforado, volteo hacia los lados con nerviosismo y veo que nadie está pendiente, disimulando bajo la mirada y siento con firmeza su mano peleando con el calzoncillo, logra su acometida ¡tiene mi verga en su mano!! Tiemblo y la sangre se me acumula poniéndolo tieso.

Su mano aunque pequeña se vuelve cálida; ahora que ya lo tiene, suavemente la yema de sus dedos acaricia mi glande, sube y baja mi prepucio con terca alegría; no sé si la vibración que siento es del tren o de mi cuerpo.

Siguen sus caricias y el ritmo va subiendo de intensidad, todos mis nervios están electrizados, mi respiración se acorta, mi mente se llena de placer olvidando él cuando y el donde; su mano sigue meciéndome cierro los ojos y me dejo llevar por ella

Siento como baja de mi cerebro la orden, la siento en mis pulmones, en mi ombligo y como un volcán explota volando leche por todos lados, sus dedos se vuelven pegajosos… Y aún sigue exprimiendo la última gota.

Lentamente siento como su mano se retira y mi verga aún temblando empieza a bajarse; me doy cuenta de mis gemidos, con vergüenza abro los ojos, aún con placer trato de ver en la penumbra si alguien se ha fijado en mí… y luego la busco con la mirada.

Suena la “parada” y de repente todos se mueven, la joven se separa de mi y se aleja empujando hacia la puerta de salida, me alzo por encima de todos y también empujo para tratar de alcanzarla.

Es inútil un muro de personas nos separa.
De repente mientras estoy alzado de puntillas tratando de localizarla, siento otra mano sobando mi culebra dormida… ¡Coño! Con tanto placer, me había olvidado de guardarla y para colmo cuando levanto la mirada, veo a una abuelita acariciándome; Nervioso como pude, subí la cremallera y de vaina me llevo un pedazo de mi pellejo.
Al fin logré salir, en vano busque a la chica por todo el andén, ya más tranquilo y satisfecho tome rumbo a mi hogar, reviviendo a cada instante el placer de esas incógnitas manos.

Mi mujer como siempre cariñosa me esperaba, contenta nos abrazamos dándonos un beso grande, pensando aún en la chica del metro…

Al separarnos, me gritó mirándome la cintura…
¡Carajo Alberto! ¡Que vaina es eso!

Sobresaltado y con sentimientos de culpa baje los ojos hacia mi bragueta imagínense ustedes… tenía todo el pantalón con manchas de leche.


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