miércoles, 23 de marzo de 2011

Cosas que pasan (13ava Parte)

Tauromaquia
Cosas que Pasan
Vol.13
Poco duro el silencio en la sala, el estruendo de la música se apaciguo un poco al sonar las trompetas de un pasodoble.


Las monjas y los enfermeros comenzaron a bailar con la nueva danza, ellas se quitaron los tocados colocándose en su lugar un gorro de torero y danzando en la punta de los pies tomaron los palos cubiertos de papel de colores...


Empecé a llorar cuando me fije que dichos palos eran banderillas, quería morirme pensando que lo que me venía era terrible, cerré los ojos creyendo que con esto se mitigaría el dolor.


Los aplausos, la música y las luces disminuyeron el volumen hasta apagarse, haciéndose un silencio sepulcral, con los ojos cerrados escuche el sonido chirriante de una reja al abrirse, y luego el silencioso recinto, encendiendo sus luces, reventó con un millón de aplausos.


Abrí los ojos asustado de tanta algarabía, vi que de una de las celdas venia… empujado por los enfermeros, un hombre pequeño, totalmente desnudo, era Juan Miguel, uno de los enfermos del hospital.


Al acercarse note cual era el motivo por el cual gateaba de esa forma:


Sus brazos estaban amarrados de una manera que solo podía sostenerse con sus codos y las piernas estaban de igual manera que solo con las rodillas podía empujarse.


Nuevamente la música, lleno el círculo, a las hermanas Daniela y María se le agregaron otras dos, todas vestidas con tan solo sus sombreros de toreros.


Juan Miguel estaba inmóvil en medio del la “Rotunda”, las monjas empezaron a cercarlo unas le movían sus nalgas ante los ojos, otras le introducían sus dedos por su culo, otras con los pies le tocaban sus partes, le daban vuelta y se sentaban sobre su miembro, una de ellas le peló la choca orinándose en su cara, en fin el pobre Juan Miguel no entendía nada.


Luego vinieron los hombres y con los faldones rojos, se lo pasaban por su rostro, los habitantes de las celdas gritaban:


¡Olee! ¡Olee! ¡Olee!


Juan Manuel, ya molesto por la bromas trataba de zafarse las cuerdas y atacar a los que de esa forma lo vejaban.


Y los gritos continuaban:


¡Olee! ¡Olee! ¡Olee!


Mi espanto fue inmenso al ver que la madre María junto a las otras monjas se le acercaban bailando con sendas banderillas en las manos.


Al ver sus intenciones grite desaforado:


¡Nooooo! ¡No la hagan!


Y la respuesta fue un tremendo golpetazo en mi cara.


Todos aplaudían frenéticos, mientras el pobre Juan Miguel se iba muriendo, picoteados por varias banderillas empapadas de sangre.


Como un loco me puse a gritar y llorar, ya no me importaban los golpes, hasta que nuevamente pedí el conocimiento…


Después de varios días dopado, logré despertarme, iba a llamar a alguien y mi boca no podía pronunciar palabras, no la sentía, quise pararme y todo mi cuerpo estaba sujeto a la cama por anchas correas; estaba inerme, como pude empecé a mover la cama.


Una enfermera, al escuchar el alboroto, se asomó y volvió a salir corriendo; a los minutos vinieron el clínico y la Madre María, quería pedirle al galeno que despachara a la monja para contarle lo que me había pasado y solo se me escucharon gemidos.


La madre María empezó a hablar:


-Si doctor, lamenté mucho no llegar a tiempo, fue terrible la pelea, cuando logramos zafarlos, este señor había acuchillado al pobre Juan Manuel por la espalda y no quería soltarlo, los enfermeros tuvieron que darle de golpes para que pudiera desengancharlo.”


¿Pero sabe Ud. como empezó todo? Inquirió el médico…


“mire Doctor estos señores ¡Perdóname Señor! Mantenían, sin nuestro conocimiento, relaciones carnales, sospechamos que las heridas que esté enfermo presenta en su parte anal fue producida por su pareja, intuimos por el odio y la rabia con que lo atacó”


Quería Gritar que eran puras mentiras, pero mi boca no se movía.


“Mire Doctor -seguía la Hermana- como pone los ojos cuando le nombran al que fue su pareja, es odio lo que muestra; por su seguridad lo tenemos amarrado y con sedantes para que no se haga daño”… Y su mirada se metía entre mis ojos como una burla y una amenaza.


“Bueno manténgalo así hasta nueva orden, lástima de hombre, yo lo tenía en buen afecto…