martes, 27 de abril de 2010

Cosas que pasan (5ta parte)


Cosas que pasan
(5ta parte)

El día amanecía hermoso, después de esa noche lujuriosa mi relación con Juanita mejoró, hasta el punto de hacernos el amor dos veces por semana.


Del striptease, quise hacerme el ignorante, total era una situación a distancia que en nada repercutía en nuestras relaciones, más aún se habían convertido en una fantasía para mí: “era ver como miles de hombres la veían moverse totalmente desnuda”


Había dejado enfriar mi relación con Pedro y con Ana, sentía en mi interior mucha vergüenza por haber llegado al extremo de dejar en evidencia mis secretos.

Me conformo con mirarme al espejo, vestido como una doncella que esconde su cuerpo disfrazada de hombre, uno de los piropos de mi mujer es que tengo un culo hermoso.


Tengo ocultas encima de mi closet una pantis preciosas y cuando mi hija y mi mujer salen aprovecho esa soledad para ponérmelas; es excitante ver mis nalgas sujetas por un hilo dental, partiéndolas en dos y sentir como la tela acaricia mi hueco; luego me coloco el sujetamedias de mi mujer y tratando de emularla me contorneo ante el espejo; mi pantis de un rojo transparente dejan medio ver la cabeza pelada de mi verga que se levanta poco a poco, mientras mis nalgas se imaginan sobadas por otras manos que no son las mías, abriéndolas y cerrándolas para que el aire tibio roce mi culo.
Luego me dejo caer sobre la cama, con las piernas abiertas como esperando un guevo que les calme su angustia para después masturbarme y al final escondiendo la ropa interior quedarme en la cama un rato acostado.

Ayer después de hacerlo me quede profundamente dormido, en mi sueño una mano rozaba suavemente mi pene, el cual enseguida respondía poniéndose duro ante esa caricia; sentía como la tela que lo cubría poco a poco se humedecía de saliva, una lengua traviesa jugaba por encima de las pantis…

¡Coño! Me desperté al saber que aún estaba con ropa de mujer, ¡Se me había olvidado quitarme las pantaletas!

Al abrir los ojos, quede sorprendido de lo que pasaba… Mi hija (en realidad es mi hijastra) estaba intentando mamarme el pene, la retire bruscamente avergonzado por lo que estaba haciéndome, como pude me levante y muy ofendido le reclame su conducta; ella estaba vestida solamente con una blusita transparente, que dejaba ver desde su ombligo para abajo, es poseedora de un maravilloso cuerpo, su piel relucía de juventud (tiene 18 años), apenas unos vellos recortados adornaban su pubis y a pesar que sus senos eran pequeños relucían por encima de la tela como pimpollos recién cortados.

¡Milagros que haces! La increpé.

Disculpa papá, es que pase y tenias la puerta abierta… y vi lo bonito que te quedaba el panti transparente… y no sé que me paso, Papá perdona no volverá a pasar…

La seguí regañando hasta que se marcho llorosa a su cuarto, mi vergüenza era doble, mi hija había descubierto mi parte oculta de mi vida y…había intentado seducirme.

Salí de la casa ofuscado, tirando la puerta me dirigí a la avenida y fui a parar en la cervecería que queda en la esquina; aunque era temprano le pedí a Gilberto me sirviera un vaso grande de whisky, quería olvidar lo que había pasado en la casa. Al poco rato llegaron unos amigos y la rabia se fue desvaneciendo.

…Pero una imagen seguía en mi mente: Era Milagros parada junto a mí, medio desnuda y con su pubis afeitado.

A las nueve me dirigí a la casa, me sentía un poco mareado, abrí la puerta y la casa estaba silenciosa, subí a mi habitación, allí me encontré con el televisor encendido y Juanita durmiendo desnuda, se veía preciosa y provocativa; al pasar la mirada sobre la mesa de noche note que se había tomado las pastillas para dormir, eso significaba que no habría sexo esta noche.

Me acosté a su lado y ni siquiera se movió, estaba viendo la tele cuando sentí un celaje pasar por mi puerta, me levante, de todas maneras tenía que ir a orinar, al abrir la puerta me tropecé con mi hija que salía del baño y enseguida me abrazo llorando, pidiéndome perdón por lo que había hecho.

Le dije que estaba bien, que olvidáramos lo que había sucedido y tomándole su rostro juvenil quise darle un beso en el cachete, ella movió su cara y mis labios se posaron en los suyos, cuando traté de retirarme su lengua se abrió paso entre mis dientes y empezamos a besarnos, en la penumbra su cuerpo sigiloso se recostaba de mi miembro, encendiendo mis ganas.

Baje mis manos y tomando sus pequeñas nalgas las acerque más; mi pene tratando de entrar a su interior, sentía húmeda aquella pantaletica; sin darme cuenta me fue llevando apretujada hasta la puerta de mi cuarto.

Allí frente a la luz mortecina del televisor se veía el cuerpo dormido de mi mujer, entonces Milagros bajo su rostro y comenzó a meterse mi miembro entre sus labios, yo estaba excitado y atónito, estaba mamándome frente a su dormida mamá; lo hacía despacio y mi excitación iba en crescendo, mi pene se hundía en su boquita y mi glande rozaba sus blancos dientes, cuando sintió que estaba a punto de acabar, subió sus labios hacia los míos y empujándome suavemente me llevo a la cama.

Acostada de frente y abriendo sus piernas tomó mi miembro y lo introdujo en su vagina, yo al principio no sabía qué hacer y ella se empujaba para ensartarse con mi guevo; a nuestro lado estaba mi mujer moviéndose dormida al compas del ritmo delirante de nuestra hija.

Esto era la locura, pero la excitación era tal que nos olvidamos de Juanita y dándole la vuelta la penetré por su culito, ella aguantando el dolor comenzó a contornearse como su mamá lo hacía frente al computador; su placer subía al igual que sus gemidos, ya no podíamos parar, era tan excitante hacerlo así frente a su madre que ya no nos importaba el movimiento de la cama.

Poco a poco la sábana que medio cubría el cuerpo de Juana se deslizó dejándonos ver sus hermosos senos. Inmediatamente Milagros me obligo a dar un giro y con violencia terminó de destaparla completamente, como pudo alzándose un poco pegó su boca en la vagina de su mamá.

Ambos acabamos y al unísono un grito retumbo por toda la casa, era indescriptible el placer sentido.

Nos quedamos un rato en la cama, jadeando y tratando de conseguir el aire que nos faltaba, al fin Milagros se levantó, cubrió con cariño el cuerpo de su madre y tiernamente me dio un beso… En la puerta, con cierta picardía me dijo “Bendición Papá, que tengas un bonito sueño…”

Yo abrace a mi mujer y dándole un beso en la frente me quede profundamente dormido…

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