
Cosas que pasan (11ª parte)
Así iba pasando el tiempo hasta que una noche, unos enfermeros me sacaron de mi habitación, casi arrastrándome me llevaron a la fuerza a un enorme cuarto oscuro, allí me desnudaron completamente y me colocaron en una camilla vendándome los ojos y amarrándome en posición perruna.
Al quedarme ciego, el silencio se me hizo más profundo; de pronto una melodía se escucho en medio de mis sombras, creo era una de las fugas de Bach, esto me calmó un poco, al cabo de un rato y cansado por la incómoda posición de mi cuerpo, sentí una mano que tomando con fuerza mi mandíbula, me la jalaba, mi primera sensación fue el miedo y quise retirar mi rostro, cuando un golpe fuerte, como una palmada retumbó en mis nalgas obligándome a empujar hacia adelante.
Mi boca abierta por la presión de aquellos dedos, tropezó con una pile suave; sentí como un pezón se restregaba en mis labios y empecé a chuparlo, primero con desconfianza y luego la lujuria que se hallaba extraviada de mi cuerpo prisionero, me incitó a besarlo y mamarlos con euforia.
Sentí que algo rozó mis testículos, otra mano empezó acariciando mi pija, separaba la piel del glande con suavidad, alcanzando mi miembro su máxima extensión.
Había estado tanto tiempo sin sentir la piel de otra persona rozando mi piel, que de pronto se me abrieron las ansias… y a punto de acabar…
¡Un dolor terrible se apoderó de mi cuerpo!
Alguien había golpeado tan fuerte mis bolas que perdí el conocimiento.
Volví en mí cuando sentí como el agua fría corría por mi cuerpo, debí caerme con el desmayo, mi cuerpo me dolía y aún me mantenían con los ojos tapados; titiritaba del frío, estaba acostado de espalda y cuando traté de enderezarme me encontré con que mis manos estaban atadas en forma de cruz.
Unos pies descalzos rosaron mi rostro, la voz gruesa de una mujer me ordenó besarlos, sentía tanto dolor que quise negarme, pero un puntapié en mis costillas, me hizo cambiar de opinión.
Los dedos de los pies se introducían en mi boca, algo me rozaba la ingle y dos manos tomaron mis piernas acariciándome las nalgas; oí nuevamente la voz: “¿Te gusta ver?”, me preguntaba, Iba a contestar y su dedo se hundió en mi garganta, causándome nauseas…
¿Te gusta ver…Perro? …Continuó y alguien abría mis nalgas.
Sentí que algo húmedo se introducía y salía de mi culo, por su movimiento supe que era una lengua, poco a poco volvía a sentir placer.
La voz extraña me decía: “Perro te voy a alzar la cara y quiero que me mames mi chocha”, en eso sentí su olorosa humedad en mis labios; comencé a chupar su clítoris y mi lengua repetía los movimientos que yo mismo sentía en mi hueco, su voz se quebró y un “¡uhhhhh!” Largo, fue lo que escuche, mi miembro comenzaba a levantarse.
Sentí que se daba la vuelta convirtiendo aquello en un 69, y restregándome sus glúteos en el rostro, tomo mi verga y comenzó a recorrer con su lengua la punta del glande, separando el prepucio, bajaba por la venas hasta chuparme los guevos, sentía como entraba y salía mi miembro de su boca dejando chorrear hilos de saliva que se unían a mi ya mojado culo; yo por mi parte hundía mi nariz entre sus nalgas, lamiendo los sudores de su hueco.
La voz comenzó a hablarme con dulzura:
Perrito, ¿Sabías que tu culo y tu próstata esconden placeres inconcebibles? ¿Sabías que la lengua que toca las terminaciones nerviosas de tu huequito, te están llevando al éxtasis?
Sí lo sabía, pensé, mientras mi lengua disfrutaba de los placeres de su mojado coño…mi excitación era total y a poco comencé a mover mis nalgas, mientras la lengua ajena hacia círculos alrededor de mi hueco.
Al cabo de un rato de un rato sentí que algo duro, intentaba entrar en mi ano y me detuve; la voz me previno:
“Relájate, perrito, deja que te entre, concéntrate y goza, siente como se hunde buscando tu próstata, mientras mi mano te masturba”
En efecto alguien estaba usando un consolador y afloje poco a poco mis nalgas.
¡Me estaban culeando y lo disfrutaba!
Estaba a punto de acabar cuando la voz, quitándome la venda, me dijo: “¡Quiero romperte el culo…Perro!
Tarde un poco en enfocar la vista y al lograrlo tuve miedo…
Era Sor Francisca la que estaba montada sobre mí, traté de zafarme pero en ese instante sentí como si un hierro estuviera quemando mis entrañas…
Alguien había introducido un garrote por mi trasero.
Nuevamente perdí el sentido.
¿Cuánto tiempo estuve sin sentido?
Nunca lo sabré.
Sentí que me hundía en aguas tranquilas de la inconsciencia, pero de pronto un frio profundo, me ahogaba.
Volvieron a revivirme, el agua fría chorreaba por mi cuerpo, temblaba pero no del frio, temblaba de lo que aquella bruja podía hacerme...
Así iba pasando el tiempo hasta que una noche, unos enfermeros me sacaron de mi habitación, casi arrastrándome me llevaron a la fuerza a un enorme cuarto oscuro, allí me desnudaron completamente y me colocaron en una camilla vendándome los ojos y amarrándome en posición perruna.
Al quedarme ciego, el silencio se me hizo más profundo; de pronto una melodía se escucho en medio de mis sombras, creo era una de las fugas de Bach, esto me calmó un poco, al cabo de un rato y cansado por la incómoda posición de mi cuerpo, sentí una mano que tomando con fuerza mi mandíbula, me la jalaba, mi primera sensación fue el miedo y quise retirar mi rostro, cuando un golpe fuerte, como una palmada retumbó en mis nalgas obligándome a empujar hacia adelante.
Mi boca abierta por la presión de aquellos dedos, tropezó con una pile suave; sentí como un pezón se restregaba en mis labios y empecé a chuparlo, primero con desconfianza y luego la lujuria que se hallaba extraviada de mi cuerpo prisionero, me incitó a besarlo y mamarlos con euforia.
Sentí que algo rozó mis testículos, otra mano empezó acariciando mi pija, separaba la piel del glande con suavidad, alcanzando mi miembro su máxima extensión.
Había estado tanto tiempo sin sentir la piel de otra persona rozando mi piel, que de pronto se me abrieron las ansias… y a punto de acabar…
¡Un dolor terrible se apoderó de mi cuerpo!
Alguien había golpeado tan fuerte mis bolas que perdí el conocimiento.
Volví en mí cuando sentí como el agua fría corría por mi cuerpo, debí caerme con el desmayo, mi cuerpo me dolía y aún me mantenían con los ojos tapados; titiritaba del frío, estaba acostado de espalda y cuando traté de enderezarme me encontré con que mis manos estaban atadas en forma de cruz.
Unos pies descalzos rosaron mi rostro, la voz gruesa de una mujer me ordenó besarlos, sentía tanto dolor que quise negarme, pero un puntapié en mis costillas, me hizo cambiar de opinión.
Los dedos de los pies se introducían en mi boca, algo me rozaba la ingle y dos manos tomaron mis piernas acariciándome las nalgas; oí nuevamente la voz: “¿Te gusta ver?”, me preguntaba, Iba a contestar y su dedo se hundió en mi garganta, causándome nauseas…
¿Te gusta ver…Perro? …Continuó y alguien abría mis nalgas.
Sentí que algo húmedo se introducía y salía de mi culo, por su movimiento supe que era una lengua, poco a poco volvía a sentir placer.
La voz extraña me decía: “Perro te voy a alzar la cara y quiero que me mames mi chocha”, en eso sentí su olorosa humedad en mis labios; comencé a chupar su clítoris y mi lengua repetía los movimientos que yo mismo sentía en mi hueco, su voz se quebró y un “¡uhhhhh!” Largo, fue lo que escuche, mi miembro comenzaba a levantarse.
Sentí que se daba la vuelta convirtiendo aquello en un 69, y restregándome sus glúteos en el rostro, tomo mi verga y comenzó a recorrer con su lengua la punta del glande, separando el prepucio, bajaba por la venas hasta chuparme los guevos, sentía como entraba y salía mi miembro de su boca dejando chorrear hilos de saliva que se unían a mi ya mojado culo; yo por mi parte hundía mi nariz entre sus nalgas, lamiendo los sudores de su hueco.
La voz comenzó a hablarme con dulzura:
Perrito, ¿Sabías que tu culo y tu próstata esconden placeres inconcebibles? ¿Sabías que la lengua que toca las terminaciones nerviosas de tu huequito, te están llevando al éxtasis?
Sí lo sabía, pensé, mientras mi lengua disfrutaba de los placeres de su mojado coño…mi excitación era total y a poco comencé a mover mis nalgas, mientras la lengua ajena hacia círculos alrededor de mi hueco.
Al cabo de un rato de un rato sentí que algo duro, intentaba entrar en mi ano y me detuve; la voz me previno:
“Relájate, perrito, deja que te entre, concéntrate y goza, siente como se hunde buscando tu próstata, mientras mi mano te masturba”
En efecto alguien estaba usando un consolador y afloje poco a poco mis nalgas.
¡Me estaban culeando y lo disfrutaba!
Estaba a punto de acabar cuando la voz, quitándome la venda, me dijo: “¡Quiero romperte el culo…Perro!
Tarde un poco en enfocar la vista y al lograrlo tuve miedo…
Era Sor Francisca la que estaba montada sobre mí, traté de zafarme pero en ese instante sentí como si un hierro estuviera quemando mis entrañas…
Alguien había introducido un garrote por mi trasero.
Nuevamente perdí el sentido.
¿Cuánto tiempo estuve sin sentido?
Nunca lo sabré.
Sentí que me hundía en aguas tranquilas de la inconsciencia, pero de pronto un frio profundo, me ahogaba.
Volvieron a revivirme, el agua fría chorreaba por mi cuerpo, temblaba pero no del frio, temblaba de lo que aquella bruja podía hacerme...


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