
COSAS QUE PASAN
(II Parte)
A mi lado estaba Pedro, desnudo como yo, pude ver su polla, era enorme parecía una boa en reposo, roncaba como un rinoceronte; Ana no estaba, pensé que estaría en la calle; me levante con cuidado para no despertar a mi compañero de de alfombra.
Descalzo y desnudo me dirigí a ducharme; mi cuerpo agradeció el agua tibia, era como recobrar las fuerzas perdidas, dure un siglo disfrutando las gotas que humedecían mis ojos cerrados; ya para salir sentí unas manos tersas acariciando mi espalda.
Al voltear estaba Ana completamente desnuda, sus pechos turgentes me apuntaban, sus labios grandes se adueñaron de los míos en un beso profundo, sus manos tomaron en vilo mis testículos y sobándolos se los llevo a la boca, su lengua subía y bajaba acariciando la cabeza, primero despacio para luego chupar con fuerza; a veces su lengua con la punta dura se movía alrededor de mis bolas empapándolas de saliva, en otras suavemente jalaba que sentía que mi guevo se me salía del cuerpo.
Mi vara, fuerte y tiesa se la empuje hasta su garganta, el placer era infinito, y mientras me lo mamaba sus dedos se introducían entre mis nalgas acariciándome el culo, quise levantarla para penetrarle su cuca.
Pero me dijo:
“no esto es mi regalo, por hacerme feliz anoche”.
Entonces me deje llevar, cerrando mis ojos disfrute su lengua.
En un momento sentí que mi alma se escapaba escondiéndose en su boca, lanzando un gemido profundo, acabé y un chorro de leche espesa se corría por la comisura de sus labios, su lengua pícara se relamía de contenta.
Apaciguando el sudor, nos metimos en la ducha, ya más calmo tomé el jabón y suavemente comencé a frotarle el cuerpo, el agua nos corría y mis manos diestras bajaron por su cintura para anidarse entre sus piernas, ella gemía de placer, mis labios se adueñaron de sus senos, mi lengua recorría los surcos de agua que se formaban en su ombligo, sus vellos cosquilleaban mi nariz; tomé su clítoris, lentamente mis labios lo movían sintiendo su dureza, su voz casi no se escuchaba cuando decía: “no Alberto, no sigas, me estas matando de placer” pero sus manos tomado mi cabello me hundía con fuerza en las delicias de su cuca.
Luego dándole vuelta acaricie sus nalgas firmes y mi lengua juguetona entró en el túnel sabroso y profundo de su culo. Como para descombrármela, me quede allí, hurgando y jugando, mientras mis dedos hacían de las suyas en su cuca.
Su placer y el mío se confundían, los gemidos crecían de tono, poco a poco fueron más audibles y justo cuando de su boca salió el grito ¡acabé! Sentimos la brisa fría que se colaba por la puerta del baño abierta…
¡Nos habíamos olvidado de Pedro!
(II Parte)
A mi lado estaba Pedro, desnudo como yo, pude ver su polla, era enorme parecía una boa en reposo, roncaba como un rinoceronte; Ana no estaba, pensé que estaría en la calle; me levante con cuidado para no despertar a mi compañero de de alfombra.
Descalzo y desnudo me dirigí a ducharme; mi cuerpo agradeció el agua tibia, era como recobrar las fuerzas perdidas, dure un siglo disfrutando las gotas que humedecían mis ojos cerrados; ya para salir sentí unas manos tersas acariciando mi espalda.
Al voltear estaba Ana completamente desnuda, sus pechos turgentes me apuntaban, sus labios grandes se adueñaron de los míos en un beso profundo, sus manos tomaron en vilo mis testículos y sobándolos se los llevo a la boca, su lengua subía y bajaba acariciando la cabeza, primero despacio para luego chupar con fuerza; a veces su lengua con la punta dura se movía alrededor de mis bolas empapándolas de saliva, en otras suavemente jalaba que sentía que mi guevo se me salía del cuerpo.
Mi vara, fuerte y tiesa se la empuje hasta su garganta, el placer era infinito, y mientras me lo mamaba sus dedos se introducían entre mis nalgas acariciándome el culo, quise levantarla para penetrarle su cuca.
Pero me dijo:
“no esto es mi regalo, por hacerme feliz anoche”.
Entonces me deje llevar, cerrando mis ojos disfrute su lengua.
En un momento sentí que mi alma se escapaba escondiéndose en su boca, lanzando un gemido profundo, acabé y un chorro de leche espesa se corría por la comisura de sus labios, su lengua pícara se relamía de contenta.
Apaciguando el sudor, nos metimos en la ducha, ya más calmo tomé el jabón y suavemente comencé a frotarle el cuerpo, el agua nos corría y mis manos diestras bajaron por su cintura para anidarse entre sus piernas, ella gemía de placer, mis labios se adueñaron de sus senos, mi lengua recorría los surcos de agua que se formaban en su ombligo, sus vellos cosquilleaban mi nariz; tomé su clítoris, lentamente mis labios lo movían sintiendo su dureza, su voz casi no se escuchaba cuando decía: “no Alberto, no sigas, me estas matando de placer” pero sus manos tomado mi cabello me hundía con fuerza en las delicias de su cuca.
Luego dándole vuelta acaricie sus nalgas firmes y mi lengua juguetona entró en el túnel sabroso y profundo de su culo. Como para descombrármela, me quede allí, hurgando y jugando, mientras mis dedos hacían de las suyas en su cuca.
Su placer y el mío se confundían, los gemidos crecían de tono, poco a poco fueron más audibles y justo cuando de su boca salió el grito ¡acabé! Sentimos la brisa fría que se colaba por la puerta del baño abierta…
¡Nos habíamos olvidado de Pedro!


No hay comentarios:
Publicar un comentario