viernes, 4 de junio de 2010


COSAS QUE PASAN
(7ma. Parte)

Las nalgas de Joaquín montado sobre mi mujer resplandecían a la luz mortecina de los faroles de la piscina, desde lejos semejaban dos senos flotando en la nada; a mi lado arrodillada estaba Olga todavía gimiendo de placer, sin quitar la vista de mi mujer y del odioso jinete, agarre mi pene todavía duro y nuevamente lo introduje en la boca del Olga, con esto pude callar sus sonidos.

Así pude oír los sollozos de placer que emitía mi Juana, eran tan placenteros que esto enardeció mi espíritu, hecho una fiera me dirigí a donde gozaban los malvivientes, al llegar tome entre mis manos las nalgas de Joaquim y sin ningún miramiento introduje mi cabilla por su recto.


El grito desgarrador retumbó por toda la estancia, esto trajo la atención de los demás, pero yo inmisericorde empujaba hacia adentro con mucha fuerza, la primera en llegar fue mi hija, luego su novio y al final la esposa.


A lo mejor fue lo borracho que estábamos, o tal vez las lágrimas y griticos de dolor que emitía Joaquín, o quizás mis movimientos acompasados, pero… primero fue milagritos que empezó sonando sus palmas, luego se acercó José y canturreando repetía monótonamente “dale…dale…dale”, a este canto se unió Olga y hasta mi mujer que estaba debajo, tomo la nalgas de Joaquín y me las abría totalmente.


Al rato la resistencia de Joaquín iba mermando, sus músculos antes tensos se sentían más relajados, poco a poco fue tomando mi ritmo, alrededor los demás excitados comenzaban a besarse y a tocarse mutuamente, mi hija se me acerco por detrás y puso sus hermosos labios y con su lengua acariciaba mi hueco, Juana y Olga se revolcaban sobre la hierba acompañadas de José, aquello se había convertido en una orgía, en un aquelarre…


Cuanto duro no sé, recuerdo mi grito animal al sentir cuando mi leche inundaba el culo de Joaquín, eso fue el clímax de aquella reunión, cansados y exhaustos, fuimos cayendo al suelo, como en trance y quedándonos dormidos.


La última imagen de esa madrugada fue la delgada figura de Joaquín arrodillado al borde de la piscina gimiendo…


El sol empezaba a calentarnos, serían como la cuatro de la tarde, uno a uno nos fuimos despertando, todos desnudos y con una terrible resaca, no obstante era hermoso ver como los cuerpos femeninos resaltaban sus curvas y relucían bronceados como piedras preciosas.


Me acerque a mi hijastra, suavemente toqué uno de sus pezones y ella abrió los ojos diciéndome: -buen día papito-, se levanto y me estampó un sonoro beso en la mejilla, luego acaricio suavemente el pene de su novio para levantarlo, mientras yo me acercaba a despertar a las otras dos mujeres…


De pronto escuchamos la voz timbrada de Joaquín:


-Alberto entren en la casa, ya les preparé la cena-.


Tomamos unas toallas para cubrirnos un poco y tambaleando nos dirigimos hacia la casona; sobre la elegante mesa “Luis XV” se encontraban una gran variedad de alimentos: apetitosas empanaditas, ensaladas, pollo al curri, jugos naturales en fin toda una tentación para estómagos vacios.


Nos disponíamos a disfrutar esta cena tempranera, cuando empecé a sentirme mal, mi cabeza comenzó a dolerme muy fuerte y con miedo a vomitar les pedí disculpas y me fui a la habitación; mientras subía las suntuosas escaleras, escuchaba los comentarios jocosos sobre la fiesta nocturna, quien más se reía era mi hija.


Volteándome un poco me pareció ver en los ojos de Joaquín, que a pesar de su sonrisa, no le hacía gracia dicho tema.


En el baño, vacié mi adolorido estomago y me recosté en la mullida cama, abajo colocaron música con volumen tan alto que retumbaba en mis sienes como tambores tribales, pensé en bajar y pedirles moderación pero al fin y al cabo no era mi casa, por consiguiente me dediqué a tratar de dormir un poco.


No fue placentero el sueño o más bien pesadilla, en él estaba un loco persiguiéndome con un hacha para matarme y cuando iba a lanzar mi último grito, desperté sudando y temblando.


Cuento tiempo estuve dormido, no sé. Aún se escuchaba música a alto volumen; decidí tomarme un baño, luego bajar y comer algo.



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