
Cosas que pasan
(Parte 6ta)
(Parte 6ta)
Amanece y mi cuerpo se siente cansado, mi hijastra se ha vuelto un poco obsesiva, entre ella y su mamá me están agotando. A pesar de la diferencia de edad ambas tienen un cuerpo espectacular y desafortunadamente para mí una libido muy alta.
Mi hijastra hace unas semanas nos presentó a su novio, un muchacho flaco y desgarbado, con cara de hippie trasnochado pero con una mirada inteligente, su nombre es José.
Aunque un poco molesto, me imagino que por los celos, estoy contento de que al fin tenga a alguien con quien calmar su deseo sexual; no le he preguntado se han acostado, para evitar revolver sus ansias hacia mí.
Ayer el joven nos invitó a pasar el fin de semana en la finca de sus padres, allí nos presentará oficialmente, aunque parece por lo que me contó mi hija, que su madre y lo conoce.
Metemos las valijas al carro y enfilamos nuestra ruta hacia los llanos, son tres horas de viaje; lo primero que observo al llegar, es un esplendido paisaje que enmarca una gran casa colonial, hasta el carro nos llega el peculiar olor del ganado, juntándose con la belleza de las orquídeas y las bromelias que habitan los grandes árboles.
Metemos las valijas al carro y enfilamos nuestra ruta hacia los llanos, son tres horas de viaje; lo primero que observo al llegar, es un esplendido paisaje que enmarca una gran casa colonial, hasta el carro nos llega el peculiar olor del ganado, juntándose con la belleza de las orquídeas y las bromelias que habitan los grandes árboles.
José no presentó a sus padres: Olga y Joaquín, él al igual que su hijo es de consistencia debilucha pero de mirada penetrante, su mujer es tan hermosa como la mía y con cierto aire aristocrático.
La casa es de dos plantas, llena de objetos finos; enseguida mi mujer hace migas con Olga y se van por su lado, mi hija sale a ver los potreros con su novio y yo me quedo con Joaquín. Este me pasea por la mansión dándome las especificaciones de cada cuadro, de cada mueble, de cada jarrón; Siempre he sido un amante de las artes y por ello disfruto la caminata.
Me invita a conocer su biblioteca, una habitación enorme repleta de empastados libros, absorto por las vetustas colecciones, casi tropiezo con un tablero de ajedrez y al ver mi admiración por las hermosas piezas talladas a mano, me invita a jugar una partida.
Fueron dos horas de lucha constante y ante mis acometidas a su rey, decidimos darnos tablas.
Fueron dos horas de lucha constante y ante mis acometidas a su rey, decidimos darnos tablas.
En poco tiempo nos dimos cuenta que teníamos muchas cosas en común (y yo no sospecha que eran muchas mas).
El calor del verano se acrecienta en la estancia, Joaquín me propone tomáramos un baño en la piscina antes de la cena y al explicarle que no empaque “traje de baño”, gentilmente se ofreció para prestarme alguno de los suyos.
En su habitación me permitió escoger, todos eran de talla pequeña y me quedaban apretados, al fin me dijo “ponte cualquiera” y me lanzó un “trapito” blanco; la conversación era tan agradable que me cambié allí mismo, me hizo algunas bromas en cuanto al tamaño de mi miembro, apenas el traje de baño me cubría un poco, tomé una toalla y colocándomela como falda, me tape un poco; él también se desvistió y note que el suyo era más bien pequeño.
Nos fuimos a la alberca y sirviéndonos un whisky disfrutamos el placer de refrescarnos en el agua.
…Había algo en la mirada de Joaquín que me era familiar, mas no recordaba que.
Al cabo rato aparecieron los demás: mi hija Milagros tenía un estupendo bikini rosa que dejaban ver todo el esplendor de sus nalgas; mi mujer no se quedaba atrás, sus grandes senos peleaban por salirse del diminuto sostén y Olga la madre de José también lucia un hilo dental color violeta que en nada tapaba su apetitoso cuerpo.
Estando en la piscina mi hijastra me pidió que la sostuviera dentro del agua, primero mis manos la sostenían de espalda y mis brazos sentían el calor de su cuerpo húmedo, luego dándose la vuelta boca abajo, como quien aprende a nadar empezó a mover su vientre buscando mi mano, comprendí lo que quería, poco a poco introduje mi dedo dentro del bikini rosa hasta tropezar con su matica de pelo, empecé acariciando su clítoris, ella se movía al vaivén de las aguas, mí otra mano sobaba su pezones; al rato empezó a gemir y casi en silencio me dijo: -acabe papá -; soltándose y acomodándose el bikini, se alejo hasta el borde, tirándome desde lo lejos un beso…
Esto enturbió mi mente y encendiendo los placeres, mi pene enjaulado presionaba por salirse de aquel apretado trapito blanco.
En una de mis pocas salidas del agua, Joaquín, mi mujer y mi hija empezaron a reírse de mi traje de baño, en verdad me sentía ridículo, ya el glande se asomaba por encima del trapito.
El whisky fue haciendo su trabajo, empezamos a contar chistes subidos de tono; borrachos como estábamos empezamos a bailar, milagros y José lo hacían pegaditos “perreando”, a él se le notaba el bañador levantado cuando rozaba las nalgas de mi hija.
Busque a mi mujer: Juana danzaba igual que aquella vez que la descubrí frente al computador y Joaquín fascinado, la veía con ganas…
…Y comprendí esa mirada ¡Ese día Juana le bailaba a Joaquín!
Mi polla comenzó a ponerse erecta y avergonzado por lo que descubrí, me lancé a la piscina, fue tan duro el golpe que el bañador se soltó y quedé totalmente desnudo, traté de buscarlo con la mirada y de repente mi hija, su novio y Olga se lanzaron al agua; la primera que se acerco con el “trapito blanco” en su mano fue Milagros, cuando fui a tomarlo, se lo lanzó a su novio y cuando todos miraban a donde caía, ella disimuladamente me acarició las bolas y me pegó sus nalgas a mi ya endurecido guevo y mientras gritaba de espalda a mí: - ¡ Aquí, Aquí! - su movimientos se acentuaban sobre mi cuerpo.
El trapo lo tomó José y haciendo ademanes de lanzármelo se lo envió a su madre, ella un poco más seria se me acerco con la prenda y con cierta picardía me dijo: - déjame ponértelo -, cuando se agachó tomó mi glande entre sus labios y comenzó a mamármelo, atónito no sabía qué hacer, la pena se reflejaba en mi rostro, busque temeroso por los alrededores y sobre la hierba, mi hija con las piernas abiertas se dejaba penetrar por José , mis ojos trataron de conseguir a mi esposa para reclamarle la actitud de su hija y la muérgana estaba acostada de espaldas, recibiendo por el culo las acometidas de Joaquín.
Aturdido por la embriaguez y sintiendo como el placer que me brindaba Olga, invadía mi cuerpo, deje que sus labios me mamaran…
…De pronto, con rabia por lo que había visto, empuje varias veces mi polla hasta el fondo de su garganta, ella buscaba desesperada el aire y la sostuve hasta el último minuto, luego atragantada y tosiendo la empuje hasta el borde de la piscina, sin miramientos le di la vuelta penetrándola con furia por el ano, la música acallaba sus gritos, me sentía llegar hasta lo profundo de sus entrañas.
Poco a poco la tos y sus gritos, dejaban paso a los gemidos de placer; ya no era yo el que empujaba, era ella que aprovechando el movimiento de las aguas acercaba sus nalgas hasta tropezar con mis bolas …pidiéndome más.
Cuando sentí que iba a correrse nuevamente la puse de frente, tome sus piernas dejando ver como flor recién abierta sus genitales, me introduje en su vulva, como un tren que penetra el túnel de la vía, inmisericorde seguí exprimiéndole sus ganas sintiendo como su cuca quería extraer mi alma.
Al final lanzó un grito…¡ Acabe, Alberto, acabe!!!
Cuando salimos de la alberca, Olga me abrazo agradecida, yo mirando sobre su hombro, vi con rabia que todavía montaban a mi mujer y ella como un potro corcoveando hacia mover la pálidas nalgas de Joaquín que blancuzcas resplandecían en el ocaso de la tarde…

